¿Cesó la horrible noche?
Recomienza la gran marcha del liberalismo, siempre y cuando el liberalismo no se limite a repetir las viejas costumbres políticas, que en buena parte son su obra y gracia. Lo que puede endilgarse al conservatismo es que muchas de esas prácticas las refinó, las potenció hasta convertirlas en armas para consolidar un sectarismo que rayaba en el fascismo.
Los mismos copartidarios se habían convertidos en celosos guardianes. Hasta el saludo con aquellos que no eran adeptos del azul de metileno se había convertido en signo sospechoso. Y servían de acusación y prontuario para darlos de baja de los afectos de las figuras prominentes. Para perder la pequeña chanfaina. Para perder el bono o para ganarlo. Una auténtica escuela de soplones, de régimen del terror.
¿Cesó la horrible noche? Esperemos que el producto más claro de esta apertura, sea el compromiso fehaciente por hacer del ciudadano un ser capaz de disentir, de criticar, de alcanzar el pleno ejercicio de sus libertades, de ser tolerante con el pluralismo político. De que se abandone la práctica del testaferrato, de los cargaladrillos y sacamicas.
Pero un pueblo se convierte en recua, cuando el hambre, la miseria intelectual, la miseria personal y ética hacen parte de la actitud del gobernante. Cuando es convertido en pordiosero, en mendicante del mendrugo de pan, cuando se profesionaliza la pedigueñería, cuando se organiza la fila y se reparte perrero a diestra y siniestra, cuando la única práctica cotidiana de la vida pública es la lagartería. Entonces, hasta el vigilante, manda y dispone, usa y abusa, se ufana y enrostra.
¿Cesó la horrible noche? No es fácil deshacer la empresa del abuso.
Esperemos que entre todos podamos hacer ese esfuerzo.
El comienzo ni es el final, ni el comienzo mismo. Porque para poder comenzar es necesario reflexionar, y quien no reflexiona, por ley y fuerza cometerá los mismos errores. Y ya lo decíamos. Desde hace cerca de 68 años el liberalismo no ha podido resolver en Piendamó, las grandes encrucijadas de su existencia: la problemática de la tierra, la situación indígena, la economía campesina, la educación. Y como si fuera poco, las grandes problemáticas urbanas de los conglomerados, la cultura, la recreación, la vivienda, la ocupación, la democracia se han acumulado en la puerta del futuro.
El comienzo ni es el final ni el comienzo mismo.

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