jueves, 10 de noviembre de 2011

POMPAS DE JABÓN

Phánor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó

A pesar de la repartisiña de fríjoles en bandeja de icopor, masatamales, bultos de cemento en la puerta, dinero en el bolsillo, letras chimbas postelectorales, una buena parte de la opinión dijo NO al continuismo del azul de metileno en Piendamó.

Ante semejante actitud del pueblo raso, opiniones no dejaron de oírse acerca de la evolución popular, destacando que los de a pie, y buena parte de los de carro, no tragaron entero, vislumbrándose, con ello, un futuro mucho más promisorio para la conciencia ciudadana sobre la elección de los gobernantes.

Hace 8 años también había pasado con el gobierno liberal de turno. En cada municipio se repite, más o menos, el mismo ciclo, de esperanza y de rechazo. En no pocos municipios, el sango y revoltijo de fríjoles, cemento, arena, aguardiente, letras y dinero en rama e intimidaciones lograron lo que en otros no fue posible. Y ahí va Raimundo en su ataúd.

No es descartable y bastante probable, eso sí, que entre la euforia ganadora y bienintencionada vayan camuflados: grupos, grupúsculos, empresas, famiempresas, yoyoempresas, microempresas que se aprestan ya con ánimo revanchista, ya con ánimo oportunista y ventajista, a ir por lo suyo, a hacer su agosto. A repetir la historia de nunca acabar.

Mientras el vulgo y la opinión pública se disuelven con los ecos de la victoria y cada uno se afana por su afán de cada día, los grupos y demás trapisondas, en las sombras y en los pasillos, en los sitios campestres o en los desayunos de trabajo preparan la tasajeada del pastel.

Pareciera que todo quedara en la voluntad y en la honestidad del elegido. En su capacidad de interpretar el anhelo de la masa. O en sucumbir a las presiones, los apetitos de quienes sí se han organizado para el usufructo del poder.

El común lanzó a los cuatro vientos su bocanada de ira, de desencanto, de hastío y jartera. Poderoso pero etéreo. Pompa de jabón mientras el barrio, la vereda no se constituyan, ellos mismos en poder, en ideales y metas con las cuales puedan garantizar y garantizarse los ideales por pequeños que sean para alcanzar.

Quizás haya todavía tiempo. Pero dentro de poco vendrá no la organización de abajo hacia arriba, sino el consabido tejemaneje de las juntas comunales de pantalla, escogidas y nombradas a dedo, los funcionarios jactándose del poder, los contratistas con sus cuentas de cobro, o como pasó por estos lares, los familiares asumiendo lo que no se han ganado, las alcadesas que nadie eligió, los curas que nadie invitó.

Y ahí va Raimundo con su ataúd.

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