…
Si pudiera decir en tu lenguaje
lo que oyeron tus íntimas entrañas
cuando se iba la gloria del paisaje
y te ibas hundiendo entre la sombra
de la herida mortal que no se nombra…!
De: RINCON NATIVO
Manuel María Astudillo
Poeta Quilichagueño.
Por Alfonso J. Luna Geller
Obvio, en todos los pueblos han existido personajes que de alguna manera lo identifican y hasta le dan sello de individualidad. Algunos de estos personajes trascienden la historia por algo especial que es de ellos solamente y que terminan por convertirse en verdaderos mitos del pueblo.
Santander de Quilichao es sumamente rico en hombres y mujeres de valor que han brillado en las actividades más diversas: agricultores, artesanos, maestros, escritores, artistas, comerciantes, abogados, intelectuales, políticos, de todo tenemos en nuestro álbum de figuras destacadas.
Muchos de ellos convirtieron su experiencia humana en una aventura digna de ser meditada y sea cual fuera su índole, con sus defectos y sus virtudes, con su brillo, su ingenio o con su tragedia, con la forma como encararon sus vidas, son los hombres y mujeres que encarnan el espíritu de nuestra comunidad.
“Vivir consiste en construir futuros recuerdos”, fue una frase de Ernesto Sábato, y para contribuir con algo, vivamos memorias de algunos quilichagueños del siglo pasado que siguen en el imaginario público:
• Julio Fernández Medina (1856-1939), Gobernador del Cauca (1904), donó el terreno donde se encuentra construido el actual colegio Fernández Guerra.
• Manuel María Astudillo (1893-1934), el poeta quilichagueño por antonomasia, odontólogo de profesión, falleció en Popayán en 1934.
• José María Lenis O. (+1949), Gobernador del Cauca (1940).
• Alfredo Navia Santacruz (1899-1956), diputado, representante, senador y Gobernador del Cauca (1935). Siendo Director de la Policía Nacional encarceló al gerente de la “United Fruit Company”, causante de la “Masacre de las Bananeras” y posteriormente lo obligó a abandonar el país (1938).
• Jesús Antonio Guzmán, Ministro de Minas y Energía (1945) en el gobierno de Alfonso López Pumarejo.
• Eduardo Rengifo Villamil, Representante a la Cámara, profesor de literatura y francés en el Instituto Técnico.
• Guillermo Tello Rengifo, diputado a la Asamblea, Senador y Gobernador (e), colaboró en la construcción de la Planta Hidroeléctrica de Mondomo (1947).
• Fabricio Cabrera (1904), pionero de la Aviación Colombiana y de la Fuerza Aérea, falleció en un accidente aéreo en 1962.
• Capitán Edmundo Sandoval, de la Fuerza Aérea, Máster en Ciencias Nucleares de la Universidad de Puerto Rico. Falleció en un accidente aéreo en 1966.
• Eugenio Barney Cabrera, profesor, decano y director de Bellas Artes en la Universidad Nacional de Colombia. Dejó en 1980, cuando falleció, un interesante legado literario sobre Arte.
• Simeón Villani Paz, diputado, representante a la Cámara y senador de la República en 1960.
• Romano Barney, Médico-Cirujano, hijo adoptivo de Quilichao, fundador de la Clínica Barney (1955), que antecedió al Hospital Francisco de Paula Santander.
• Sacerdotes Arcadio y Mario Velasco Tello.
• Señorita Limbania Velasco Camacho, primera alcaldesa que tuvo Santander de Quilichao (1965-67), había sido maestra de primaria y diputada a la Asamblea del Cauca.
• Álvaro Mendoza Ruiz, Senador de la República (década 70-80).
• Arquitecta Eugenia Tello Marulanda, alcaldesa.
• Guillermo Valencia Tello, rector del colegio instituto técnico durante 36 años –entre 1930 y 1966- cuando le sucedió Jorge Isaac Rivas Molano.
• Alcaldes: Jesús Molina, Daniel Velasco Villamil, Otón Sánchez, Luis A. Villamil, Julio Barney, Alfonso Medina, Julio Luis Orozco, Sixto Orozco Jordán, Arnaldo Idrobo Lalinde, Luciano Echeverri Vélez.
Este pretende ser un sucinto testimonio de la evolución de nuestra sociedad a lo largo de algunos años, en la cual se conjuga además la idiosincrasia de los quilichagueños de hoy. Advertimos desde ya que no me asisten pretensiones históricas, sociológicas o antropológicas, ni más faltaba, se trata apenas de un somero perfil de unos personajes que marcaron a los suyos con su huella y en algunos casos señalaron un derrotero a seguir.
El propósito de este escrito es precisamente ir al rescate de la vida y de los hechos de hombres y mujeres que siguen acompañándonos y que todavía nos ayudan a construir nuestra personalidad colectiva. Además, ratificar que es urgente que los jóvenes quilichagueños, los nuevos habitantes de la ciudad, tengan claro que en esas calles por las que transitan y en esas casas que contemplan, vive y vivió gente que enfrentó un mundo más difícil aún que el que les ha tocado, y que resistieron los problemas con pundonor y coraje. En sus vidas, en lo que hacen y en lo que no hicieron, mirémonos hoy los quilichagueños para determinar lo debe ser nuestra conducta en la vida y la forma como debemos contribuir a la solución de los problemas nuestros.
“En diciembre cierro mi consultorio médico particular”
Sin estrategias o técnicas de marketing, ni de administración, porque no existían cuando dejó de ser Director del Centro de Salud y Médico Auxiliar del recién fundado hospital Francisco de Paula Santander, cargo que desempeñó por siete años, el médico y cirujano Saulo Velasco Zúñiga, decidió abrir su consultorio médico particular, el único que hoy todavía existe en Santander de Quilichao, pero que en el mes entrante lo cerrará definitivamente. Las políticas y el sistema de salud como respuesta social organizada para los problemas de salud de la población, hicieron rápidamente obsoleto el servicio privado, sin embargo, el médico Velasco Zúñiga perseveró en su atención particular por más de 50 años.
Pero antes de cerrar su consultorio decide contar cosas que hoy parecen curiosas: le tocaba realizar las necropsias sobre una mesa, al aire libre, a la entrada del cementerio local, a la vista de los curiosos. Los médicos contemporáneos con él eran Romano Barney, Luis Ángel Mosquera, Alfredo Argote Morón y José del Carmen Cristancho. Eran escasos.
Hoy, con 81 años, el otro hijo de don Simón María Velasco y doña Elvira Zúñiga, -hermano de Armando, el escritor-arquitecto-historiador, y de doña Cilia, apreciada matrona quilichagueña, recuerda cómo el ejercicio de su profesión fue una mezcla de psicólogo o, si se prefiere, de detective, confesor y servicio de urgencias. Dice casi con nostalgia: "La medicina ya no es el ejercicio solitario y romántico de antes". En el consultorio particular "hay menos pacientes y dispones de más tiempo, puedes atenderles mejor. Escuchar lo que te dicen y cómo te lo dicen tiene una importancia singular", comenta el doctor Velasco Zúñiga: "Recibes mucha información antes de que el paciente entre; la esposa te llama y te comenta que hoy acudirá a la consulta su marido y te pide que le metas miedo para que beba menos alcohol; la madre que viene los días previos y te comenta que está preocupada por algún síntoma que tiene su hijo; la hija que nos viene a comentar lo que le pasa a su madre; todo es información, que debemos analizar y no desaprovechar".
Saulo Velasco Zúñiga, así, se había convertido en un auténtico referente social por su desinteresada labor médica y su permanente compromiso con los más necesitados. Había realizado sus estudios primarios en la Escuela Rafael Tello; los secundarios en el Instituto Técnico y en el Liceo de la Universidad del Cauca en donde obtuvo el grado de bachiller. Sus estudios profesionales los realizó en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, en Bogotá, claustro en el cual optó su título de médico-cirujano el 19 de julio de 1958.
La fórmula magistral
De acuerdo con las tradiciones médicas vigentes en épocas no muy lejanas del Quilichao aldeano, el doctor Saulo Velasco recuerda que el tratamiento que prescribía a sus pacientes se basaba en fórmulas magistrales. Con su terapéutica personalizada, ordenaba medicamentos que se preparaban a partir de la mezcla de químicos, inclusive de varios polvos de hierbas y raíces medicinales, de acuerdo con las instrucciones que impartía para su elaboración, en una fórmula individualizada que un farmaceuta procesaba a partir de los principios activos y los excipientes con toda precisión. Fueron famosas las “boticas” donde que preparaban esos medicamentos: la farmacia del Doctor Saa, la de don Zenón Morales, la de Ricardo Prieto, e inclusive, la Colombia, de “Chontaduro”, don Israel Muñoz; en ellas, se había hecho del oficio todo un arte boticario. Aún la industria farmacéutica extranjera no había inundado el mercado de “genéricos”.
Dignidad ante la tragedia
La noticia del secuestro y desaparición de su esposo, Gumersindo Cabrera, en junio de 1982, conmocionó a Santander de Quilichao, por el aprecio que por él mostraban quienes lo conocieron. Ocho años después, igual suerte corrió su hijo Ernesto, en la finca de la familia, al lado de la Capilla de Dominguillo, pues conocía información precisa que podría conducir a los responsables directos de lo ocurrido con su padre.
El terrible impacto que padeció doña Deyanira Balcázar de Cabrera, esposa y madre, quien se había distinguido en la sociedad quilichagueña como empresaria exitosa y entrañable amiga, fue tal, que sus días se convirtieron en una carga muy difícil de sobrellevar; en ella primaba la angustia, el estupor, el miedo, la desesperación; pero siempre con la esperanza que sus seres queridos fueran devueltos pronto, lo cual la impulsaba a continuar trabajando con la firmeza y decisión de siempre.
Nunca ocurrió lo esperado, a pesar su agobiante esfuerzo por cumplir con la extorsión a que fue sometida; al contrario, surgió un silencio aterrador que aprendió a tolerar junto con sus otros tres hijos: Graciela, Yolanda y Enrique.
Al conversar con doña Deyanira, -hace poco cumplió 83 años-, se percibe uno recibiendo una gran lección de vida, pues no ha perdido el buen gusto, la amabilidad, ni la cortesía o la humildad con que se dirige a su interlocutor. Aún se nota que fue en su juventud una brillante maestra de escuela que trabajó con la insigne educadora Limbania Velasco, pero como dice ella: “me echaron por ser Liberal, cosa muy común en la época de la Violencia… y tuve que ponerme a hacer otras cosas…”. Por ejemplo, recuerda que fue maestra particular en Corinto rural, de los hijos de don Elías Duque, un paisa que llegado de Salamina, Caldas, había comprado la finca que la familia Peláez Gutiérrez tenía por esos lares. Allá llegó por recomendación que hicieran de ella doña Ángela Gutiérrez y su esposo don Juan Pablo Peláez, padres de Marden, Ramón, Humberto, Maricel…, quienes conocían a la joven Deyanira por su especial inteligencia y excepcional formación.
Cuando regresó a Quilichao, decidió atender la petición de Gumersindo de casarse. Confiesa que lo pensó muy bien porque se imaginaba que “de tal palo, tal astilla”… el papá de él, el odontólogo Guillermo Cabrera, tenía 33 hijos esparcidos por la geografía surcolombiana, en Pasto, Popayán, Santander de Quilichao, en Cali, donde tenía sus consultorios, y hasta en los Estados Unidos y en Bolivia… Al convencerla de que precisamente él había sido víctima de la promiscuidad de su padre, entonces, el 29 noviembre de 1956, desfilaron recién casados ante muchos de sus familiares y amigos que los acompañaron a la Iglesia de San Antonio de Padua. Gumersindo había nacido en Rosas, Cauca, en fecha mágica: el 24 de diciembre de 1924.
En estas circunstancias, decidieron abrir un modesto comercio que era en ese año, lo que sería uno de los grandes almacenes de hoy. Vendían de todo pero sin escaleras eléctricas que llevan a los pisos donde está la sección "moda joven"; hoy el Almacén El Sol todavía es una importante superficie comercial en Quilichao. Es un negocio que se volvió necesario porque allí se encuentra de todo, desde algo para desayunar hasta una camiseta... tiene un magnetismo especial, tanto que ha logrado perdurar recordando a otras firmas que en ésa misma época marcaron la pauta comercial de Santander como Rafael Monsalve, Telésforo Villafañe, Juan Álvarez, Elicenia Herrera (Almacén Real), José Geller, Mateo Orozco, Ana Julia Ramírez de Franco (Hotel Central), quien le ayudó a adquirir su primer crédito con la modesta distribuidora de dulces “Colombina” de Cali.
Al despedirme, se le nota a doña Deyanira Balcázar de Cabrera la satisfacción de haberle contado a un amigo parte de una historia que puede ser una gran lección de dignidad y gallardía, que siempre superan la tragedia y la maldad.





Buenas noches, don Alfonso Luna. Quiero expresarle que he disfrutado mucho estos reportajes plasmados en su página, en la que se cuenta aspectos de las historias de vida de personajes que han aportado sustancialmente al desarrollo de nuestro municipio en el último siglo. Estoy seguro que de esta manera gana el periodismo local, y también se gana en recuperación de la memoria historica de nuestro municipio. Muchas gracias por su ejercicio periodístico.
ResponderSuprimirAtte:
Elkin yamith Burbano Hernández