domingo, 6 de noviembre de 2011

Y se fue… el 2011

Por: Luís Barrera

Para quienes aún están contando votos envolatados y haciendo un balance de lo que resultó ser la pasada jornada electoral, unos felices porque ganaron el afecto de sus electores y otros tristes porque fueron derrotados democráticamente en las urnas, ya prácticamente deben llegar a la conclusión que este año 2011 está llegando al final de su recorrido.

Se esfuman doce meses que fueron tejiendo sueños perdidos entre senderos de tiempos de promesas y de olvidos, que nos sentimos fraternos y nos decimos amigos, que quizá sirvieron para alejarnos de los infiernos de los años ya vividos.

Otro año… muchos años. Hay un tiempo implícito en las cosas. ¿Cuánto tiempo se espera a que un árbol crezca hasta la altura que le corresponde, hasta que se lo considere un árbol completo y pleno? ¿Cuánto tiempo esperamos hasta que una persona se forme, aprenda, se establezca, se afirme, asuma plenamente las responsabilidades y pueda llevarlas adelante?

¿Cuánto tiempo necesita una obra, el proyecto de, por dar un ejemplo, una entidad dedicada a lo artístico y cultural, a lo periodístico, cualquier periódico como PROCLAMA, para que se le considere firme, exitoso, establecido?

¿Cuánto tiempo necesita un autor para llegar al logro de escribir su novela, la novela de su vida, y cuánto tiempo hace falta para que ésta llegue a la gente y se la aprecie como ese autor esperaba?

¿Cuánto tiempo necesita un candidato que perseverando llega a ser elegido para orientar los destinos de un pueblo o representar su colectividad en una corporación pública?

Puedo continuar sin fin con los ejemplos, con las esperanzas de una mujer que cría sus hijos lo mejor que puede y desea verlos felices, plenos e independientes; con quien cuida su jardín para hacerlo hermoso; con quien construye un edificio, o un barrio, con ánimo de hacer algo arquitectónicamente evaluable; con quien junta dinero muchos, muchos años para alcanzar a tener un bien muy preciado; con quien participa de una entidad que pretende hacer el bien, ayudar a los demás; con quien canta, o baila, o compone, y espera encontrarse con un público que lo aplauda —por fin— con entusiasmo y emoción; con quien desea ser el goleador —aunque sea una vez— que haga delirar a miles de personas; con quien quiere poner en un cuadro el rostro de una persona, o un paisaje, que ama, y que eso perdure para siempre.

Es una forma de resumir cómo somos los humanos, una entidad palpitante donde vive un equilibrio entre lo que tenemos, y podemos disfrutar cada día, con lo que nos falta, nuestras esperanzas, sueños, deseos y expectativas a cumplir, a veces lejanas, a veces cercanas, a veces… dolorosamente… imposibles.

Deseo con todas mis fuerzas desde ya que logren por fin este año entrante, y todos los años, lo que desea, lo que han deseado tanto. Que se sientan plenos. Que la vida reconozca lo que hacen, que sus esfuerzos tengan frutos, y que este año que llega los premie con felicidad y tranquilidad. Porque este 2011 se fue sin decir adiós.

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