ALCALDESA, QUÉ LENGUAJE
TAN DIRECTO Y FUTURISTA
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
El discurso de la Alcaldesa de Bogotá al sellar la Urna Bicentenaria junto el Presidente en el palacio Liévano, hace parar la respiración y meditar un poco. Su lenguaje es preciosista, de casta roja y canto de soul por Colombia. Lleva en sus palabras un alma dolida y reclamo de tiempos perdidos.
Entresaco, pues no quiero empalidecer su prosa, algunos renglones que hacen temblar al colombiano más raso. “Con este acto estamos inaugurando el nuevo Edificio Bicentenario y su auditorio. Huitaca es su nombre, en honor a la diosa rebelde de nuestros antepasados muiscas. Me cautivó su historia. Algunos dicen que fue la primera feminista de nuestras tierras. Otros, que seducía a los hombres con brebajes y lujuria. Huitaca era la luna, la que surge cuando desaparece el sol. La que nos guía en la noche, la que también representa el agua que nos da vida.” Qué alusión a nuestras mujeres que solo se inclinan ante el hombre, su puño, su sol y sus oros.
“¿Podemos seguir siendo una de las naciones más desiguales de la tierra? ¿Podemos seguir pensando que nuestro futuro depende de aplicar modelos económicos más parecidos a la ley de la selva que a la construcción de un proyecto de nación? ¿Podemos seguir soñando en el crecimiento infinito? ¿Cuándo y cómo vamos a resolver este conflicto armado trágico e inmisericorde que completa ya más de 50 años? ¿Podemos seguir ignorando que la verdadera riqueza de Colombia es su gente? ¿Cuánto valor le ponemos a nuestra gente? Al parecer, no mucho. Un soldado nos cuesta 18 millones de pesos. Un preso 13. Un estudiante, menos de 4. Eso no tiene lógica alguna”. ¿Cuánto valdrá, entonces, un campesino, un trabajador que gana el salario mínimo, el desempleado que anda cabizbajo en la calle? Cómo se valoriza al soldado y al policía por el hecho de defender un sistema. Y cómo se valoriza a un preso por el hecho de ser botín del narcotráfico o de la corrupción…
“De poco sirve el trabajo si es un trabajo mal pago y sin formación. De poco sirve la educación si no ayuda a mejorar la productividad y la capacidad de los estudiantes a la vez que les abre los horizontes de las utopías. Que no vengan los economistas de cierta tendencia a decir que sólo restringiendo salarios se puede ser competitivo. Que no vengan los expertos a decirnos que lo social es un gasto y no una inversión”. No podemos camuflar la inequidad con las cifras acomodadas del Dane, ni podemos cerrar ojos y boca ante la insensibilidad del Congreso y de los dueños de empresas.
“Creo que es el momento para reflexionar si los planes que se han aplicado en el país han dejado las bases para progresar. Hoy no sólo está en juego el presente, lo está el futuro”. Pareciera que los planes piensan más en la Banca, en los comerciantes, en la venta de la reserva nacional, en recortar la inversión social, en el aumento del gasto público.
Lástima que no tengamos más alcaldes como esta mujer tan Clara. Lástima que perdamos dinero, tierras fértiles, vidas jóvenes en medio de tanta riqueza que se va al estómago sin fondo de gobierno, empresarios, congresistas y jueces que dejan minar nuestras oportunidades.
01-12-11 - 16:36 p.m.

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