Maestro excelso:
Resguardándome del estallido de los juegos pirotécnicos de diciembre, y antes de que la algazara de las demás personas invada todos los rincones de este planeta, para recordar otra vez que hace dos milenios te encarnaste, para cumplir la voluntad del Padre Celestial a fin de que redimieras a la raza humana, te escribo estas líneas para elevarte unas breves peticiones.
No escribo únicamente en nombre propio sino en el de muchas, cientos de miles de personas que quisieran hacerlo, pero no se atreven.
Sea lo primero agradecerte, con toda sinceridad, por la magna gesta de salvación que llevaste a cabo con tu pasión, crucifixión y muerte, que todavía muchos no quieren reconocer; particularmente, aquellos que te conocieron y que ocuparon el mismo territorio que Tú recorriste para predicar la palabra liberadora. A ellos, sigue dándoles Tu luz y misericordia para que algún día salgan de la oscuridad; y para que renueven su corazón, hoy endurecido por la soberbia y la osadía de su ignorancia.
El espíritu navideño está colándose de a poco en nuestro espacio terrenal. Millones de seres son envueltos misteriosamente en él y por él; y celebran Tu natalicio, aunque, a decir verdad, a Ti no te invitan, pese a ser Tú el homenajeado. Para ellos, sin embargo, toda comprensión.
La tradición aquí abajo, en la Tierra, es la de pedirte regalos en vez de ofrecértelos en Tu fiesta. Te los piden como al niño que fuiste, el que emergió revestido de gloria de las entrañas de María, la mujer escogida por el Altísimo para una encumbrada dignidad: ¡ser la madre del Salvador del mundo!
Yo, por mi parte, quiero pedirte otros asuntos. Te los pido al que eres hoy: ¡Rey de reyes, y Señor de señores!
Con Tu venia, he aquí mi lista modesta:
• Iluminación interior para quienes dicen ser fieles a Tu doctrina de amor, pero practican el odio, la envidia, la intolerancia, la venganza, la intemperancia, los celos, el crimen y muchos otros actos endemoniados.
• Sabiduría para quienes creemos, confiamos y esperamos en Ti como Rey absoluto del universo, a fin de que cada pensamiento y cada actitud nuestros sean solo reflejo de tu benignidad.
• Inteligencia en abundancia para los gobernantes de las naciones, dirigentes y líderes espirituales para que la utilicen en beneficio colectivo y no únicamente en satisfacer sus voraces apetitos de poder y riqueza material, aun a costa del sacrificio de los humildes y desposeídos.
• Moderación de las palabras para políticos, periodistas, locutores, abogados, jueces, magistrados, fiscales, educadores y padres de familia a fin de que no contribuyan más, con sus «fusiles verbales», a la muerte de los estados emocionales de sus semejantes; y para que, en lugar de seguir, con su lengua, aportando fuego al incendio humano de hoy, sepan suministrar enormes dosis de tolerancia, consuelo, orientación, perdón y comprensión. Porque, aunque recomendaste no juzgar para no ser juzgados, muchos han dejado a un lado Tus sabias palabras. Y porque, pese a que enseñaste que todo cuanto procede del interior de las personas es lo que las contamina, muchas siguen «disparando proyectiles verbales» llenas de odio, cólera, rencor, egoísmo, maledicencia, injuria, calumnia y otros sentimientos ruines.
• Espíritu de fraternidad, como el que diste a los de Tu estirpe, en tiempos de Tu presencia en la Tierra, para aquellos que viven distanciados entre sí por culpa de sus intereses egoístas y mezquinos.
• Sentimiento de caridad para que, en Tu nombre, Señor Jesús, aquellos que todo lo poseen propicien que los hambrientos, sedientos, destechados y desnudos tengan cómo satisfacer esas necesidades elementales de sustento terrenal. Hazles ver, Redentor carísimo, que no tienen que despojarse de sus posesiones; que con no explotarlos ni atropellarlos, para volverse más poderosos y pudientes, ya habrán comenzado a entender la tarea de redención de los desarraigados.
• Pudor para aquellos que, sobrecogidos por la publicidad mercantil, se entregan a los placeres extremos y sacrifican hasta su propia dignidad humana, y degradan la de otros congéneres.
• Conciencia prístina para quienes, como los llamados «líderes espirituales», han convertido a los infantes en blanco de sus aberraciones carnales; y de sus crímenes de sangre. Acompáñalos con el hálito de Tu presencia constante, para que detengan esa orgía alocada y descomunal.
• Espíritu de comprensión y paz para quienes han creído que pueden construir una mejor patria sobre las sepulturas de las víctimas de sus armas letales, las cuales disparan con odio extremo. Ábreles sus mentes para que puedan ver que así solamente cavan sus propias fosas.
Y para no hacer prolija esta carta, Señor Jesús, obsequia a quienes también la están leyendo aquí, en la Tierra, un torrente de comprensión y respeto para mí, que apenas soy uno más de tus hermanos menores, con errores aún por superar, y un canal que usa el Espíritu Paráclito para expresarse.
Son muchas peticiones, ¿verdad, Señor? Pero sé que todas ellas son poca cosa para Ti, pues eres amo absoluto del poder.
Con la esperanza de que Tu majestuosa voluntad se incline a su aprobación, me despido de Ti, Maestro Jesús, y te pido nada más tu sagrada bendición para mí, mis allegados y mis seres queridos.
Amén.
Bucaramanga, 22 de diciembre de 2011

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada