Phánor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó
Por política cultural se entendería la acción integral, valga la redundancia, del Estado para estimar y preservar las culturas que conforman una nación.
Como corolario, en nuestro país, de esta máxima, por política cultural regional se entendería la acción del Estado regional (asamblea, gobernador, dependencias adscritas y autónomas), para estimar y preservar las culturas que conforman la regionalidad.
Y como sucedáneo corolario por política cultural municipal se entendería la acción del Estado local (concejo, alcaldía, dependencias e institutos) para estimar y preservar las culturas que conforman la localidad, la municipalidad.
Como en un todo armonizado no sería descabellado pensar y suponer que las Oficinas, departamentos o como se llamen, las de Planeación con sus diversas herramientas científicas y técnicas hacer posible coherencia, equidad y justicia en el desarrollo de tales acciones.
Cuentas y cuentos de la lechera. Pajaritos en el aire, como escribiría don Jairo Varela y cantaría el Grupo Niche.
Ya por los efectos consabidos de la tan cacareada constitución del 91, ya por las andanzas insospechadas de don Uribe, el Estado no es sino la superposición de tronos y de monarquías en la Presidencia, las gobernaciones y las alcaldías. Como en los viejos aforismos de que “cada alcalde manda en su año” y de quien manda, manda, aunque mande mal, con la excusa de ser los ordenadores del gasto, uno y otros hacen y deshacen.
En palabras menos elocuentes, nos imponen su particular manera de pensar, de estimar, de preservar lo que cada uno concibe y cree que es cultura, lo que cada uno concibe como expresión artística, lo que cada uno percibe como manifestación y preservación cultural.
Nada nuevo bajo el sol, es cierto. Así como por efecto de la guerra santa para salvar la patria, se impuso el sombrero voltiao como icono y símbolo de la colombianidad, valorando por supuesto los esfuerzos denodados por los chicos de la costa y los ejércitos que conformaron en la nueva cruzada religioso-política que todavía no acabamos de pasar, en épocas pretéritas, remotas unas y otras no menos lejanas, los gobernantes han hecho un uso particular de los símbolos, íconos y manifestaciones culturales para afirmar ciertos pensamientos en contra de otros: ¿No lo hizo así, el Generalísimo Franco con el cuplé, los gitanos y el flamenco?
Y no quiere decir ello que tras esa manipulación los gitanos, los andaluces y demás habitantes de al-Andalús, hubieran cambiado de su pobre condición. Como tampoco cambiaron para bien, su pobre condición los miles de desplazados que en su miseria inventaron el sombrero voltiao: incluso ahora ni siquiera tienen un lugar donde dormir.
Y antes de que nos achicharren con el ajiaco en la nueva cúpula rola tenemos que concluir que la política cultural hoy por hoy, es también expresión de las desigualdades del país: de sus desigualdades económicas, políticas, sociales.
Un 10% de las entidades que se dicen así mismas culturales controlan el 90 % de los presupuestos. Cualquier parecido con la situación de las tierras en Colombia es mera realidad.
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COMENTARIO:
Hola, Alfonso: Salud.
Debo felicitarte a ti, a Proclama y a los lectores de la misma, - y se me estaba
haciendo tarde hacerlo -, por la llegada al ruedo de Phánor Terán. No es torero,
ni mucho menos, no da estocadas barrenudas, no muestra el trapo zalamero,
no anda pidiendo flores y envolviéndose en el capote.
No. Phanor ya tiene canas y sabe lo que es la vida. Este título de hoy
y su contenido
me hicieron devolver mi dedo que estaba borrando una cierta de
cantidad de correos
sin sabor ni dueño conocido. El cuento de la otra lechera estatal y
sus sueños de
prosperidad, democracia, apoyo a la cultura, es perfecto para el caso.
Esas costumbres
caseras de nuestras pueblos, regiones y casas añejas no es un invento
del gobierno,
pero los toman nuestros ministros para hacer alarde de que están
interesados en la
Cultura. Y el 90 por ciento se va en viajes, comidas, papeleos y otras
cosas que no
nombro pero que ocurren bajo el sombrero vueltiao.
No solo te felicito a ti, por supuesto. Estoy haciéndolo al profundo y
sesudo amigo, -lo
estimo así- Phánor Terán. Este escrito ratifica lo que he apreciado en
otros artículos del
mismo corte, ponderado, sin ampulosidades estilísticas, sin
exageraciones ni generalizaciones,
de las cuales muchos pecamos muchas veces. Sin lugares comunes, que no
utiliza, en
su prosa fina, aquellas muletillas en boga, como "tema", "sin lugar a
dudas" y que excluye
alusiones personales y tendencias que pueden ofender a quienes
transitan por la pantalla.
En buena hora ha llegado este ilustre apellido a llenar de cultura,
buen decir y humor
pacífico a Proclama.
Un abrazo a los dos, porque a la página la abrazo todos los días,
Leopoldo de Quevedo
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COMENTARIO:
Hola, Alfonso: Salud.
Debo felicitarte a ti, a Proclama y a los lectores de la misma, - y se me estaba
haciendo tarde hacerlo -, por la llegada al ruedo de Phánor Terán. No es torero,
ni mucho menos, no da estocadas barrenudas, no muestra el trapo zalamero,
no anda pidiendo flores y envolviéndose en el capote.
No. Phanor ya tiene canas y sabe lo que es la vida. Este título de hoy
y su contenido
me hicieron devolver mi dedo que estaba borrando una cierta de
cantidad de correos
sin sabor ni dueño conocido. El cuento de la otra lechera estatal y
sus sueños de
prosperidad, democracia, apoyo a la cultura, es perfecto para el caso.
Esas costumbres
caseras de nuestras pueblos, regiones y casas añejas no es un invento
del gobierno,
pero los toman nuestros ministros para hacer alarde de que están
interesados en la
Cultura. Y el 90 por ciento se va en viajes, comidas, papeleos y otras
cosas que no
nombro pero que ocurren bajo el sombrero vueltiao.
No solo te felicito a ti, por supuesto. Estoy haciéndolo al profundo y
sesudo amigo, -lo
estimo así- Phánor Terán. Este escrito ratifica lo que he apreciado en
otros artículos del
mismo corte, ponderado, sin ampulosidades estilísticas, sin
exageraciones ni generalizaciones,
de las cuales muchos pecamos muchas veces. Sin lugares comunes, que no
utiliza, en
su prosa fina, aquellas muletillas en boga, como "tema", "sin lugar a
dudas" y que excluye
alusiones personales y tendencias que pueden ofender a quienes
transitan por la pantalla.
En buena hora ha llegado este ilustre apellido a llenar de cultura,
buen decir y humor
pacífico a Proclama.
Un abrazo a los dos, porque a la página la abrazo todos los días,
Leopoldo de Quevedo

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