jueves, 8 de diciembre de 2011

Cultura municipal y el triunfo liberal. (Phánor Terán, desde Piendamó)

Foto: damiantrochez.blogspot.com
Estimado colega y paisano:

I

No es posible que se pueda construir una verdadera Cultura Municipal en el Municipio de Piendamó si no se resuelve, y bien resuelto, el asunto de la Estación del Ferrocarril. Sobre todo.

Le parecerá extraño que en vez de referirme a sus inquietudes en torno a mejores y más espectáculos y espacios culturales, a más y mejores estímulos a los artistas locales, a más y mejores oportunidades para la expresión de las culturas urbanas y rurales, a más bibliotecas, a publicaciones de escritores e investigadores, condicione todo a un asunto como el de la Estación.

Permítame exponerle razones para ello:

Todos, sin distingos sociales y políticos, estimamos la Estación del Ferrocarril como el símbolo y la razón de ser de Piendamó. Hasta los mismos tunianos que podrían ver en ella, la causa de haber perdido la cabecera municipal en 1.934. Tan importante ha sido que en toda la Nación las estaciones del ferrocarril se han estimado como parte invaluable del Patrimonio Cultural de la Nación. Lo es también la Estación de Piendamó.

Y si por cultura entendemos todas aquellas cosas y manifestaciones que nos identifican, que nos unen en un momento determinado, podríamos decir, sin temor a equívocos que la Estación, es la PRIMERA MANIFESTACION CULTURAL DE PIENDAMO, por encima de religiones, partidos, usos, costumbres, gustos o disgustos, artes, o artesanías, edificios o calles, paisajes o abalorios.

Estando el edificio, están, también, los recuerdos, las razones de ser, de estar, a ella confluimos, desde ella nos dispersamos. Nos hace falta en la visión y en la memoria. En la vida cotidiana, en la soledad, en el horizonte y en la intimidad.

Si le parece juiciosa esa aseveración que consiste en poner en palabras lo que está en la realidad, en el conjunto de la sociedad, valga decir que no es un invento de escritorio o aseveración demagógica, me imagino que no perturbará su pensamiento, decirle que por esa misma razón el gobierno municipal debería ocuparse de ello, puesto que el gobierno se ocupa ante todo del Bien Común, de aquellas cosas que interesan a todos, que pueden y deben beneficiar a todos: hacer, mejor dicho, una realidad el sentir y pensar ciudadano.

Lo mejor en todo caso es que hubiese un REFERENDO, sobre el particular porque no faltará quien opine lo contrario.

II

Tendrá razón en objetarme que, eso de estimarlo como el BIEN CULTURAL MÁS PRECIADO tiene sus más y sus menos, porque particulares hay, que, aprovechando indefiniciones y omisiones de las administraciones liberales y conservadoras, han ido horadando, erosionando, apropiándose, o simplemente dejando que se vaya deteriorando en espera de que un buen día, no existiendo ya nada, se puede dar el zarpazo final para adueñarse. Los mismos que de dientes para afuera echan aguas benditas cuando de hablar de la Estación se trata.

Nada que decir a ésa, su consideración.

Todo ello se debe a que la Estación, es también un lugar muy dinámico, muy vivo. Sigue, siendo con el paso de los años, un lugar fundamental, neurálgico para el desarrollo económico y cultural de Piendamó. Es el cruce de caminos, por excelencia. Como lo es también la Estación de Santander de Quilichao.

Nunca hay dicha completa. Las estaciones de La Venta de Cajibío o las de Timba están sumidas en el más completo abandono (La de Timba dicen que sirve de motel de la policía) y a nadie se le ocurre ni siquiera un responso.

En cambio, sobre la nuestra, hay mil ojos, vigilantes expectantes. De tal manera que en vez de ser el bien cultural más preciado más bien parecería EL BIEN COMERCIAL MAS PRECIADO.

Si no ha sido objeto de más remiendos y cosas por el estilo, en Piendamó, donde se desbarata y se construye de cualquier manera, es porque así como hay quien la estima como solo un punto comercial, en la ciudadanía existe también un fuerte sentido de defensa y preservación de la misma.

Una verdadera tensión. Un tire y encoje que bien parece difícil de resolver. O que se viene resolviendo entre bambalinas, a medias tintas y remiendos. El único que puede meterle diente al asunto es el gobierno.

No le estoy descubriendo que el agua moja. A sabiendas de ello, los intereses particulares invierten, empeñando a los candidatos cada cuatro años, para amordazar al Gobierno, del partido que sea, con tal que no meta baza en el asunto mientras la ciudadanía espera que los mandatarios sean capaces de garantizar y de hacer valer el Bien Común, el interés general, sobre los particulares.

Los gobiernos (Concejo y Alcaldía) a manera de Poncio Pilatos se la pasan lavándose las manos en plena vía pública, autorizando por debajo de cuerda, emplastos, remiendos y mejoras, haciéndose los de la oreja gacha ante el anhelo ciudadano, desacatando las órdenes nacionales, inventándose dragones y monstruos invencibles.

Las apariencias no engañan y lo que vemos nos lo evidencia claramente. Con todas esas omisiones y excusas se ha venido privilegiando el interés no digamos exactamente comercial sino particular mientras que avanza despiadado el deterioro de la Estación y se frustra el ansia comunitaria de tener una plaza, un aspecto de ciudad, un lugar amable, un monumento digno, una organización urbanística. Cada día, ese anhelo, sucumbe como la espera de la novia fea.

La solución actual de convertir la Estación de Pasajeros en un INQUILINATO ARTISTICO y SOCIAL, de la bodega en un INQUILINATO COMERCIAL y sus alrededores en un INQUILINATO INFORMAL es una muestra pobre pero elocuente de la carencia de grandeza y de proyección misma de Piendamó en el concierto regional, nacional e internacional. La Estación que fue el foco dinamizador y creador de Piendamó, es hoy por hoy, la retranca de su expansión y consolidación urbana, comercial, valga decir, cultural.

III

Debo decirle, sin temor a equivocación que, a la vez, la Estación, puede, debe y tiene que ser el BIEN CULTURAL Y COMERCIAL MÁS PRECIADO, y que al afirmarlo, con ello, no le estoy prendiendo una vela a Dios y otra al diablo, como dicen ustedes los cristianos, como tampoco estoy descubriendo ni inventando nada.

Ciertamente, años ha, la declaratoria de un bien, en especial los edificios, como Patrimonio cultural era ni más ni menos como ponerle una lápida encima. Enterrarlo en vida. La conferencia de París del año 91, consideró muy bien, que para nada era dañino que los edificios culturales tuvieran un uso vivo y dinámico, que se integraran a las nuevas exigencias de la sociedad y sus economías.

Y debo decirle que los bancos y las oficinas del gobierno se apoderaron de esos monumentos que si bien de día parecían llenos de vitalidad por la noche eran templos para asustar. En nuestro país, muchos de esos lugares se han convertido en las horas nocturnas en lugares vedados, aún para transitar, convertidos en guaridas de gente indeseable.

Tampoco han faltado las dificultades con los que se convierten solo en cosas culturales, porque la gente piensa que nosotros los artistas las convertimos en foco de perdición, vicio y sodomía.

En el caso de Piendamó, digamos que, sin haber-selo propuesto ningún iluminado ni haber votado la corriente que votaron en París, ya existe esa dinámica: La Estación es lo uno y lo otro. Es un bien cultural puesto en uso, como dicen. Y también con sus lacras nocturnas.

A diferencia de otras latitudes no hemos tenido gobernantes emprendedores, educadores del interés particular hacia los beneficios del Interés General, hemos tenido celos y recelos que impiden engrandecer, potenciar.

Bien podría servirnos de vitrina para nuestra riqueza fundamental: la economía del café, para el turismo, para atraer nueva inversión pública y privada, nacional e internacional, para valorar la propiedad la circundante y la del conjunto de la población, para tener espacios públicos amables con el ciudadano, para nuestros artistas y sus expresiones múltiples y diversas, para mejorar la planificación urbana, para mejorar la amabilidad con nuestro campesino, empleos y comercios nuevos, nuevos y mejores accesos desde y hacia Piendamó, desarrollo de empresas, respeto por sus habitantes, embellecimiento, atracción, CIUDAD, ante todo. Tendríamos algo por lo cual sentirnos orgullosos y hacernos orgullosos del lugar en que habitamos.

Nos ha faltado gobierno, liderazgo que llaman ahora, cojones para no asustarnos ni con la inversión ni con el futuro ni con la grandeza. Todo por no enemistar los voticos y los carros para la campaña electoral. Nos ha sobrado improvisación. Paticorticos, que llaman

La gobernabilidad liberal por llegar que ha recibido un voto de confianza apabullante, es muy posible que esté dispuesta a proyectar con el propósito de engrandecer ideales, metas y estimas ciudadanas, que busque concitar voluntades para que superen las miopías actuales con telescopios de grandeza, que desmonte las rutinas conservadoras de los pequeños intereses en procura de más altos beneficios sociales, donde gane el interés general y se beneficie igualmente el interés particular, en fin, que estemos dispuestos a perder algo para ganar bastante.

La Estación (cosa que por demás le corresponde ineludiblemente al Concejo Municipal definirlo) no es solo la estación de Pasajeros y la Bodega. Y a lo mejor usted entenderá el sentido amplio del término Cultura que haría posible ganar al Concejo como legislador y representante comunitario más allá de su pobre papel de lazarillo administrativo.

EPÍLOGO.

Espero no haber sido irrespetuoso con sus consideraciones, como tampoco haberlo sido con las mías. Como se dice, entre más amistad, más claridad.

Phánor Terán, 2.011

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