viernes, 16 de diciembre de 2011


ESPOSAS DE CASA NO DESESPERADAS

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

Sí, he estado pensando: vivimos sin un futuro.
Eso es lo sorprendente: con las narices apretujadas contra una puerta cerrada.
Virginia Woolf


Los programas de serie de televisión como los mandatos presidenciales largos se vuelven cada vez más tediosos y pierden interés. Sostener por mucho tiempo la presentación de un mismo escenario y los problemas de las mujeres que viven encerradas en su pequeño monasterio es demasiada carga para una productora.

Como rector y gerente de un colegio debí preguntar, al diligenciar las matrículas de los estudiantes, de quién dependían económicamente y a qué se dedicaban sus progenitores. Con poquísimas excepciones la madre no respondía que era “ama de casa”. Los nombres que se han etiquetado a veces no se meditan y pasan por la garganta como agua diaria. La mayoría de las madres que acudían a llevar de la mano a sus hijos, casi pronunciaban en voz baja que “no trabajaban”, sino que estaban “dedicadas a la casa”.

¿Qué significa, en el fondo, ama de casa? ¿Es lo mismo que ama de llaves o significa lo mismo que “housewives”? Pues, bien, - como dicen los expositores académicos -. Ama no viene del verbo amar, ¿o sí? ¿Jefa de la casa o amante de la casa? ¿Administradora de la casa o guardadora de las llaves de las puertas de cajas fuertes y de la entrada de la casa donde viven? ¿De cuál casa estamos hablando, de la propia o de la de otra persona? Por lo menos el ama de llaves, lo mismo que un mayordomo con sacoleva, gana un sueldo, tienen su libreto y su jerga definidos.

Cuando nos referimos al significado de housewives, la cosa es más compleja. Esposas de la casa, es lo que traduce la expresión. Y el inglés es contundente, explícito, concreto. Oh, verdad tan sacra y lacra. Las señoras madres o solteras que viven haciendo los oficios en una casa, cuidando niños, lavando ropa, limpiando pisos, repisas, baños, platos son esposas de estos oficios? Qué aberración y qué insulto social y gramatical.

No puede ser que en pleno siglo XXI con todo el boom de la liberación femenina, de todo lo que hicieron en favor de las féminas, escritoras como Virginia Woolf, la Brönte, Jane Austen, Bernadette Devlin y las modernas constituciones políticas de las naciones, se siga haciendo apología de esta labor laboral escondida y nada maternal que deben cumplir hoy día nuestras mujeres. Miento. En el programa Desperate Housewives se hace comedia y drama, se muestra con desfachatez en persona de muchachas liberadas en la realidad, lo que tienen que sufrir en carne propia las mujeres casadas de nuestra adelantada sociedad.

El papel, el rol de la mayoría de las mujeres en nuestra flamante sociedad de consumo sirve de adorno y de estropajo en las suntuosas o sencillas casas. Allá pasan sus días realizando las labores que hacían las abuelas del siglo pasado o las hacendosas madres como Sara o Raquel en la época de Matusalén o de Salomón. ¿Oyendo música de Bach o danzando el Lago de los cisnes? Qué vahh. Mirando si hay telarañas o asomadas a ras de piso para ver si hay polvo o si los niños ya comieron o se durmieron recitando el rorró o besando la estampita del ángel custodio. Y cuidando la olla para que no se derrame la leche que hierve y esperando paciente que llegue el dulce amo. Qué trabajo tan digno y mal pagado.

Qué nombre tan fatídico este de ama de casa hoy y ayer, similar a que Los hombres las prefieran brutas. Humillante para la mujer que estudió y no puede trabajar, o peor, para la mujer cuyo esposo sí lo hizo y ella no lo puede hacer. ¿Hasta cuándo este programa y panorama?

14-12-11 - 11.01 a.m.

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