viernes, 2 de diciembre de 2011

FACTORES X

Rodrigo Valencia Q
Especial para Proclama del Cauca

El chance que uno tiene para lograr el éxito consiste en el esfuerzo por perder la intimidad, y es la transacción del ego creciendo bajo la aprobación de multitudes; un viaje al futuro posible, con la complicidad de la vulgaridad y la enajenación colectiva: manipulación del criterio, la “certeza” de un jurado lleno de prejuicios, y el eterno hedonismo histriónico de nuestros tiempos.

Factores X, semana tras semana van labrando el camino hacia la enajenación que no tiene reversa, porque todo eso es lo que venera esta cultura del éxito y la parafernalia con bambalinas de la fama. Factores X, las comedias mejor montadas de los “reality shows”, pantallazo, maquillaje y emociones estereotipadas. Y la pugna de las decisiones, el favor o negativa de los jurados, la guerra de nervios por pasar a la próxima faena, la capacidad para aguantar tantos fogueos de la alta exigencia multitudinaria. Pero, bueno, es apenas natural y lógico aspirar al éxito, al reconocimiento y a la adulación de los escenarios; al menos eso es lo que enseña esta sociedad competitiva, manipulada por oscuras fuerzas y por las poderosas luces de los medios publicitarios. Aquí, la comunicación, con la locución encantadora de las más hermosas presentadoras, es el mejor modo de atrapar las miradas aleladas de la audiencia, el aplauso histérico de las mayorías y el llanto de no pocas “fans” entre las barras.

Factores X, fiestas caprichosas de las vanidades; el delirio dionisíaco rebajado hasta la vulgaridad de la bulla y el frenesí de cuerpos sudorosos pendientes del micrófono. Y, obvio, la fuerza que dirige el acontecimiento: la probabilidad exitosa de las mejores ventas y los “ratings”, la certeza medida por la abundancia en metal, dependencia en directo de las mayores utilidades.

Pero el arte verdadero no es utilitario; es un ejercicio en solitario del espíritu, faena carente por completo de propósitos pueriles y del bombo para las tipificaciones del éxito febril. El arte genuino se hace en la intimidad, en silencio, sin amplificaciones ni la aprobación de mayorías acaloradas por la efervescencia de la sangre. Naturalmente, podríamos preguntar si tal arte existe (tal vez no), sin las caricaturas de la fama ni los burlescos tramados que pervierten la cultura, que manosean el criterio con imposiciones deleznables y que se mueren por ver a los públicos arrodillados. Tal vez lo mejor de todo Factor X sea la alegría que pueda dejar en el ambiente y la belleza que se promueve en las mujeres; porque, claro, sin gracia ni “sex-appeal” no hay ningún éxito seguro en estos espectáculos adrenalínicos y contagiosos; la resonancia en la memoria se nutre de estas bellezas excitantes. El mundo necesita de estas comedias donde la razón se obnubila ante las delicias de la imagen, los escenarios alucinantes y los sonsonetes pegajosos.

Es bien preocupante ver a un mundo entero pendiente de estos Factores X, ávido de diversión enajenante (¿quizás para olvidar los malos tiempos?), pendiente del próximo ídolo fabricado por la propaganda y la exitomanía.

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