ÓPERA BUFFA Y LARALARA Y LALÁ*
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Para descansar y darle una palmadita de consuelo al espíritu no hay mejor remedio que la risa con un poquitito de burla y música. Se vuela uno de la barahúnda de la farándula vana y de la asqueante política y se mete en el palco de un teatro a saborear las delicatesen que nos han dejado en sus óperas compositores como Rossini, Verdi o Mozart.
El Teatro y Fundación Ópera Estudio de Bogotá presentó el domingo en el Teatro Cafam de Bellas Artes la última función de temporada de la renombrada ópera El Barbero de Sevilla de Gioachino Rossini. El Conde de Almaviva, Rosina, el Barbero Fígaro y el médico Bártolo con su voz tronante de bajo divirtieron a los de platea y los dos palcos con sus gracias y sus trifulcas.
La orquesta con una mínima cuota de 12 músicos al mando del maestro Luis Fernando Pérez tocaron los dos actos mientras los actores bufaban y se burlaban en el escenario. Todos vestían de chaquetas bordadas, sombreros altos, zapatos de hebilla a la usanza del Siglo de las Luces y yines muy ajustados de la actual moda. Sus caras remaquilladas y ademanes eran solemnes y rebuscados con un lenguaje de corte y cía.
El libretista y director colombiano Roberto Salazar Segura puso en escena unos diálogos jocosos en castellano para que el público disfrutara el donaire y la sorna. Sin que se perdiera el tono solemne y el sentido original con que lo creó Rossini, puso en boca y manos de conde, señorina, médico y barbero un dialecto e instrumentos mezcla de palacio y calle muy colombiana. “Hacer el oso, carajo, cogerla suave” introdujeron en los parlamentos finura y socarronería que el público recibió sonriente. Los músicos de Italia no tenían la mandolina o el violín sino la guitarra eléctrica y un consueta al aire muy empergaminado iba ligando escena con el movimiento de los personajes.
Quienes acudimos a ver y oír esta obra clásica de humor y música, de orquesta y teatro en escena no perdimos el tono grandioso ni nos ofendimos por los gracejos recitativos y gritos de Rosina o el Conde y acompañamos los sobresaltos de Bártolo y las peripecias de la comedia. Y pudimos gozar los momentos culminantes de La calumnia y la lección de piano.
Los que no vivimos en la Capital debemos ir allá de vez en cuando a gozar de la oferta cultural que a diario se ofrece en cines, teatros, museos, bares, supermercados, pabellones de ferias o espacios abiertos de Cajas de Compensación familiar. En la provincia esperaremos que tal vez un cantante o un grupo de comediantes vengan a mover la quietud artística o el escaso impulso que entidades oficiales y privadas den a un arte que está escondido y en receso.
Felicitaciones a la Caja de Compensación Familiar CAFAM y a su grupo de Bellas Artes que dan su mano al teatro, música, danza y pintura en donde los viejos y nuevos artistas recrean masivamente a un público ávido de obras clásicas y actuales.
Mil gracias, a este puñado de maestros de teatro y música que diseñaron este espectáculo en un género poco visto en nuestro medio. Se han traído a festivales obras serias de Shakespeare, Brecht, zarzuelas, corales y oratorios de sinfonías de Beethoven o Haydn. La ópera bufa, la comedia clásica musical faltaba en el amplio menú bogotano.
30-11-11 11:35 a.m.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada