Que la administración departamental del Cauca y la de Popayán, que están a punto de terminar en pocos días hayan ocupado los últimos lugares en el país, no es, ni mucho menos, una afirmación gratuita, ni el producto de un sentimiento de enemistad o malquerencia de quienes tenemos el suficiente coraje para sostenerlo públicamente, sino que es la cruda realidad a la que nos enfrentamos los caucanos y payaneses, no solo por percepción directa, sino, además, por los registros estadísticos que con alguna frecuencia, durante el último año, se conocieron ampliamente por la opinión pública nacional.
Nunca los porcentajes en rubros importantes que tienen que ver con la calidad de vida del ciudadano, alcanzaron el 50% ,rata mínimamente deseable, para no rajarse. En infraestructura vial, continuó el desvertebramiento, la mala calidad de las vías, la incomunicación del sector rural, agravada ésta situación por el invierno que comenzó a azotar desde fines de noviembre, y cuyo común denominador ha sido la imprevisión y la negligencia, frente a las tragedias anunciadas.
En sectores vitales como la educación, salud, servicios públicos y empleo, se registran los más bajos índices de eficiencia, frente al porcentaje nacional, lo cual debe contener algún mensaje de reflexión a la ciudadanía y a las nuevas autoridades que se posesionan el primero de enero.
Resulta dramático y vergonzoso, cómo, vrg, en el último panel de opinión realizado por la firma Consultora Cifras y Conceptos S.A., en temas como el de la educación, el gobierno departamental arroja un resultado de eficiencia y gerencia pública apenas del 43% frente al nacional, que fue del 54 %, mientras que en salud en el Cauca apenas se alcanzó el 37%, frente al 50% nacional, que también es pésimo. Ni qué decir de la cifra del empleo en el departamento, que apenas logró el 35%, frente al 44% registrado en el país.
En el Municipio de Popayán, ni se diga. En empleo registramos desde hace dos años, el dudoso honor de ser la primera ciudad en Colombia con el índice de desempleados más alto, y con niveles de inseguridad ídem, sin dejar de mencionar las tarifas de servicios públicos disparados al alza, y de mala calidad. El transporte público en la ciudad es un caos y el pésimo estado de las calles es una vergüenza.
El reto para Temístocles Ortega Narváez y Francisco Fuentes, así como para las nuevas autoridades departamentales y municipales no es de poca monta, pues significa, nada menos, que tratar de recuperar cuatro años perdidos, pero sobre todo la confianza de los ciudadanos, mediante el compromiso serio de una verdadera gestión empresarial de nuestros ancestrales problemas, que siguen sin resolverse. Cambiar la práctica de las medallas y condecoraciones, por las obras, que es lo que la gente necesita y por las que paga impuestos.
N.B. Lea, como cada semana, mis artículos sobre política internacional en LA REPUBLICA (Perú), EL HERALDO (Honduras), HOY (Ecuador), etc.

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