Tunía, Cauca
No es cuestión fácil la construcción de una Política Cultural
Tal vez si toda localidad fuese una comunidad, en el sentido de poseer en conjunto un mismo horizonte, pues, no habría dificultades.
Ni siquiera habría que mencionarlo. Gobernados y gobernantes seríamos coincidentes porque nos animaría un mismo sentido de las cosas, una misma cosmovisión sobre el mundo inmediato y el más allá, una misma estima tendríamos sobre nosotros mismos, y sobre el entorno, sobre la naturaleza, sobre el deseo o el dolor.
Pero no estamos en los dichosos tiempos y en aquellas dichosas épocas.
La sociedad desde hace rato es la tensión de diversas fuerzas, de diversas actitudes frente a la misma vida. En este sancocho, las fuerzas sociales que se expresan en la economía, en las cosas políticas reclaman cada una para sí, como colectiva, su propia manera de ver y de sentir.
Y entre todas, merecen especial mención las formas culturales que ha adoptado o han adoptado los nuevos poderosos señores de lo que ahora se denomina, clase emergente.
No se contenta ella con su nueva riqueza. Le es fundamental exhibirla. Le es fundamental reclamar el poder que le da esa misma riqueza. A dentelladas y pontocones, a sangre y fuego, construye su dominio.
Bien sea, arrasando la fisonomía de las ciudades que parecían establecidas, bien sea, conquistando el poder político, bien sea trastrocando e innovando las costumbres, los gustos. Estableciendo nuevas leyes y comportamientos, todo aquello que en su ignorancia o sabiduría le pueda permitir SER, ESTAR.
Detrás o al lado en la sombra las otras gentes por fuerza, imitación, o por hastío con una vida que ya no representaba sino la resignación y el sacrificio, adoptan, y aceptan esos comportamientos, adulan lo nuevo. Son capaces de dejar que la carretera atraviese y viole el cementerio de sus antepasados, perder la memoria, sucumbir al mejor postor.
No resulta por ello sorprendente que a las 7 de la mañana los jóvenes parezcan bimbos ataviados, vitrinas ambulantes sin ton ni son, en la feria de las vanidades de cada día. Que en los carnavales diarios, los gritos colectivos con las pachotadas de las canciones populares del despecho y demás, se jacten por doquier de malparidear a los cuatro vientos. Que sin peso en el bolsillo ni posibilidad en el horizonte, fantasee el mundo ilusorio de las falsedades. Que corrido el coco o ida la testa, el matar o morir por un abalorio sea cosa de poca monta y trascendencia en pos del juguete y la zarandaja.
No es la primera ni será la última vez que el alud de tales hojarascas entusiasma a la humanidad. Siendo tan corta la existencia, es sin embargo suficiente para saber que el talón de Aquiles de estas burbujas, de estas fantasías sociales es la misma existencia.
Que tarde o temprano, más temprano que tarde el pavo real ha de verse sus propias patas, y que como el pato que ostenta su cabeza erguida y pavoneándose ha de apreciar, la rila que va dejando a su paso.
Por fuerza de los acontecimientos

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