jueves, 8 de diciembre de 2011


¿USTED EN QUIÉN CONFÍA?

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

“Me pregunta quiénes son mis compañeros.
Las Montañas -señor- y la Caída del Sol –y un Perro- más grande que yo que mi padre me regaló-
Son mejores que los Humanos porque saben y nada dicen”.*

Emily Dickinson.

Sagrado corazón del ser humano, en ti confío, recé cuando escribí un poema. Confieso que aún confío en la sonrisa del niño de cuna y en sus lloros. En la sal que venden por paquetes en la esquina. En la palabra del amigo que me escucha y me responde. En la piel que me acaricia y vibra. No. No está perdida la esperanza en el poder de la palabra y de la promesa.

La pregunta de si usted confía en otro la realizó en una encuesta un periódico y unos canales de televisión. El hombre de la calle y de casa se ha vuelto escéptico. Se ha vuelto lugar común decir: “Yo no confío” en lo que anuncia el Presidente, en las leyes que discuten a puerta cerrada y pupitrazo fuerte los congresistas, en las leyes que declaran la defensa de reservas naturales de bosques y protegen el agua, en las promesas que hacen los políticos, alcaldes y los ministros. Eso es cuento viejo de la menguada democracia. Al pueblo se le hace conejo siempre. Y el pueblo se agacha como lo hacían los negros y los indígenas y las mujeres no hace mucho.

Confiar en la palabra era como el primer mandamiento o como el cuarto o el quinto. Decir mentiras era casi como matar la fe del otro. Y se inventaron fábulas y mitos para caricaturizar a los mentirosos. Se les alargaba la nariz o venía el lobo y se comía las ovejas del pastorcito. Los padres y los maestros castigaban con garrote a hijos y alumnos cuando los “cogían en la mentira”. El mentiroso se ponía rojo de vergüenza y hasta se orinaba en los pantalones.

Mentir hoy es un arte para distraer y darle largas a un asunto. Acabaremos con el POS, se acabarán las cooperativas de trabajo y las tercerías, Colombia es el país de la prosperidad, los inversionistas extranjeros están salvando la economía del país, se ayudará a los damnificados del invierno, la corrupción es cosa del pasado, se reformará la justicia, se acabará la comisión de televisión, se restituirán las tierras y se repararán las víctimas, que fulano fue acusado y condenado, pero se acogió al principio de oportunidad y ahora será premiado… como testigo invitado y privilegiado.

Mentir es tan fácil como dar un abrazo como señal de quien ha de ser asesinado, enseñó El Padrino en varias películas. Se miente hoy como se desviste quien va a entrar a un baño turco. No importa que lo miren en paños menores o con los pantalones abajo. Es otro deporte que pronto entrará a los campeonatos olímpicos y lo registrará el Record Guinnes. Se miente en las medicinas que se venden y se entregan en las EPS, cuando se dice que la economía está bien, que el país va bien. ¿Cuál país? El creado y mangoneado por una camarilla que apenas significa el 6 por ciento de la población colombiana.

Los índices de credibilidad social en lo que dicen nuestros gobernantes es cruel y la flecha de la curva va en picada. La desinformación está a la orden y los mensajes que aparecen en las propagandas oficiales, eso son. Pura llamarada que oculta una verdad que no se dice. Ejemplo, Bienestar Familiar con sus desayunos, ayudas y protección a los menores, DNE, DAS, AIS, Supernotariado, Melgar, que minaron más que con dinamita la fe pública.

Total: ¿a quién le da hoy vergüenza? El nomeimportaunculismo es regla general.

* Emily Dickinson. Antología bilingüe. Edición de Amalia Rodríguez Monroy. Alianza: Madrid. 2001. Pág. 29

06-12-11 4:45 p.m.

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