viernes, 16 de diciembre de 2011

Y Dios dijo: «pónganse de acuerdo»

Texto de:

Jairo Cala Otero
Revista «Español Correcto»
Director – Editor

Cuando la Suprema Inteligencia creó al ser humano no solo lo dotó de enormes potencialidades. También le otorgó libertad absoluta para que decidiera sus asuntos según su parecer y voluntad. A medida que el planeta azul, donde lo plantó, se fue poblando, empezaron a surgir los estragos de aquel libre albedrío. Todos disentían entre sí, no se ponían de acuerdo para acometer tareas conjuntas, o para pensar sobre aquello que iban conociendo.

Entonces, un día en que Dios revisaba su obra magistral llamó a una de tales criaturas, para escuchar de su boca qué era lo que producía tal caos.

-«Les otorgué facultades sin límite a ustedes, los seres humanos, para que fuesen grandes; para que se remontaran hasta una superioridad tal que se pareciesen a mí. Pero, después de tantísimo tiempo transcurrido desde aquel momento en que insuflé vida en ustedes noto, no sin nostalgia, que han hecho de mi realización un cataclismo. Díganme, ¿por qué no pueden vivir ustedes en paz? ¿Por qué no dominan sus mezquinos intereses y se ponen de acuerdo para ejecutar aquello que resultaría común y beneficioso para todos?».

El hombre escogido para aquel encuentro con el Supremo Creador quedó atónito por la sorpresiva explicación por Él solicitada. Tartamudeó un poco. Finalmente, no pudo responder sino con vaguedad:

-«No sé, Señor. Creo que la vida es complicada; por eso genera desacuerdos, enfrentamientos, rivalidades y hasta cruentas guerras…

-«¡Así que eso cree! Y eso también lo creen todos sus congéneres. ¡Son ustedes quienes complican mi obra! Olvidan que los doté de un ingrediente mayúsculo que no usan, porque no tienen voluntad para hacerlo: AMOR. Acaso, ¿no recuerdan que proceden de un acto de amor? ¿No recuerdan que todos ustedes son mis hijos y que, por tanto, todos ustedes son hermanos?».

-«Sobre eso se predica mucho aquí, en la Tierra, Señor, pero casi nadie aplica. ¿Qué debemos hacer?».

-«¡Pónganse de acuerdo! De no hacerlo, van a terminar destruyéndose. Y eso no está entre mis planes. ¡Nunca lo ha estado! Desde el principio quise que ustedes descubrieran por sí mismos la riqueza interior que les di, y que con ella dominaran la Tierra. Pero ese dominio no es para que se maten en disputas tontas. Ni para que destruyan lo que yo les regalé por ese inmenso AMOR que les tengo. Aún están a tiempo, puesto que no he perdido la confianza en ustedes, que son mi máxima creación» - respondió la Majestad celestial.

Y una vez pronunciada tal sentencia, desapareció.

El hombre se sumió en una profunda tristeza. Al cabo de varios minutos se dedicó a averiguar qué significaba la palabra clave que Dios había mencionado: acuerdo. Supo, entonces, que se trata de ‘tener resolución entre varias personas para que haya conformidad y armonía’. Que la fuerza del acuerdo sirve para deliberar y resolver sobre asuntos de aplicación general.

Y desde aquel día, el hombre puso toda su energía interior en obrar según el espíritu redentor del acuerdo. Porque al hacerlo, también se agrega una buena dosis de amor.

Bucaramanga, noviembre de 2011

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada