Phanor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó
La Plaza o el parque Santander, si es que se puede llamar plaza o parque, que ya es un viejo anhelo truncado para la conformación urbana de Piendamó, por obra y gracia de la usurpación del espacio público que ha hecho la Policía Nacional, ha devenido de Guatemala en Guatepeor.
Ahora, ya ni siquiera es ese pedazo de deseos frustrados por tener un lugar que sirva de recogimiento, de concentración, de solaz, de dignidad y de orgullo de los habitantes, que sirva de enaltecimiento al empuje de sus gentes, de su civilidad, de engrandecimiento.
La Policía Nacional ha convertido, usurpando el espacio público a lo largo y ancho del angosto parque, en una verdadera fortaleza, y en un centro de temor para la vida ciudadana.
Ciertamente que en mala hora, años atrás lo que hubiera podido ser un espacio amplio y generoso fue convertido una parte mediante concesión en el albergue de la Federación de Cafeteros, posteriormente otra parte en Inspección de Policía, y últimamente, coronando todo esa improvisación en el Centro Comunitario, que por supuesto, lo es todo, menos Centro Comunitario.
La fortaleza levantada, tras el eco de los últimos sucesos, en vez de obligar a pensar en alternativas que sin desguarecer la vida de los uniformados, priorizara la vida digna, es un insulto al espacio ciudadano, al respeto del espacio urbano, a las personas que hacían y tratan de hacer ese espacio algo importante para su descanso, para el encuentro, para la convivencia, para el regocijo.
Una verdadera afrenta para los propósitos de organizar la planeación y el paisaje urbano de Piendamó: como lo son por igual el despelote de los talleres en vía pública.
Manda por encima del bien ciudadano, la policía. El temor, o la impotencia de la autoridad civil es el lugar común. Leyes, decretos, voluntades de planeación son especie de antiguallas, jerigonzas y hazmerreíres de los comandantes de ocasión.
La personería municipal es cosa de papelillo, vejiga de carángano, ya por temor, ya por terror, ya por omisión, ya por ceguera institucional, ya por pereza cívica.
Calles, cruces, son cerrados sin conmiseración del ciudadano y de la amabilidad visual. Apoyados en el desbarajuste institucional lo acrecientan con la fealdad, convirtiendo la plaza en un desagradable y atemorizante espectáculo de guerra. No tanto preocupa que los insurgentes sigan con su propósito de construir un Estado, sino los varios Estados que existen con la bendición del omnipresente poder militar y bancario. Aun cuando la policía a todas dudas fuerza cívica debía ser y no fuerza militar y combatiente.
Miedo convertido en ley. Temor convertido en procedimiento. Lo que en sana lógica debía ser expresión del ciudadano, es hoy por hoy, fuente de sobresalto. Nadie con dedos de frente se propone decir algo contra la Policía porque se piensa que en el momento menos pensado una fuerza oscura y aplastante cobrará con métodos oscuros, la osadía. No obstante en la Policía debe haber alguien con algún sentido contra este despropósito.
Desgraciadamente, aun con la calva, sólo me queda un dedo de frente.

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