sábado, 14 de enero de 2012


APRENDIZAJE PARA MATAR

http://www.eltiempo.com/justicia/mas-de-un-millon-de-armas-legales-estan-en-manos-de-civiles-_10939697-4

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

Vi en TV una película con el gran actor Donald Sutherland como padre y abuelo. Contrastaba su cara digna y su mirada limpia con las acciones que dirigía. En un principio adiestraba a su hijo en el manejo de un pequeño revólver para disparar contra una ardilla. Y años más tarde siguió el juego nefando con su nieto.

Lo primero que les dijo fue: “Deben saber que este oficio tiene dos reglas. La primera es: “Solo dispara un arma si vas a matar”. Y la regla número 2: “El arma siempre es más fuerte que el que la usa”. Su hijo luego debió conseguir ayuda psicológica pues quedó traumatizado. Más tarde mató a su padre porque su hijo le contó desconsolado que había matado otra ardilla.

No estaba pasando solo en TNT. Está pasando en Colombia y en USA y en Irán y España, en Sicilia y en Siria. En Bogotá y en Cali, en Urabá y Arauca, en los Montes de María, en Santa Fe de Antioquia y en Soacha. La pólvora regada en el suelo se enciende y corre más que una cobra y mata sin apretar los dientes.

Las muertes por armas en Colombia son el 90% a causa de armas ilegales y el resto por armas legales, dicen las estadísticas. ¿Cuántas armas están en poder de padres de familia, de gentes que uno piensa que son sanas de mente y conciencia? ¿Por qué razón las llevan junto al corazón o en el cinto si todas, las legales o ilegales, cumplen las dos mismas reglas de Sutherland?

¿Cuántos hijos e hijas menores de edad ven que sus padres portan armas y las guardan en el armario o en el cajón de la mesa o junto a su cama? Y, de noche, cuando se van a dormir rezarán con sus padres la oración del ángel custodio.

Quien porta un arma ha debido pasar por un polígono y ha ensayado sobre caras ficticias y sobre blancos en fila. Cuando dispara al frente o al aire, sabe que el arma que dispara lo hace para matar. Intencional o preterintencionalmente. Lo vemos en la prensa y en la TV y lo oímos en el café o en las reuniones de familia. Ocurre en riñas y venganzas o para celebrar en noches de fiestas o cuando gana el candidato.

Quien dispara un arma se siente importante, es más que los demás, se siente héroe y más fuerte que cualquiera. Él está detrás del arma y esta lo defiende. El otro está indefenso y casi nunca espera el ataque de frente pues lo toma por sorpresa. Esas son las verdades de este asunto y las saben quienes autorizan su porte y su uso.

El ciudadano sabe que el uso legal de la fuerza y de las armas está restringido a quienes defienden el orden en estado de paz y al Estado en tiempos de guerra. Solo las fuerzas militares y la policía deberían portar y utilizar un arma para garantizar la vida, la integridad, honra y bienes de los particulares y los deberes sociales del Estado. El alcance del artículo 223 ha sido interpretado con máxima laxitud y hoy hay demasiada afluencia de armas en las calles.

¿Quién nos defenderá de las armas que por definición han sido hechas para matar?

08-01-12 - 11:12 a.m.

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