Reinel Gutiérrez
En la tarde del 4 de enero cuando en Popayán los señores que se exhiben en sus caballos, y después también se dejan ver como hombres santos del carguío en las procesiones, realizaban un recorrido por las calles, un grupo de funcionarios de la CRC adelantaba un operativo en el centro de la ciudad para decomisar un ejemplar de tortuga, que dos hombres paseaban por el centro.
Ellos llevaban el animal tranquilamente, porque era su mascota que tenían en la casa desde tiempo atrás, pero no se habían percatado que hay normas claras que no permiten tener estos bichos en casa, fuera de su área natural.
Inicialmente los abordó uno de los representantes de la entidad de medio ambiente que se identificó con su escarapela que mantenía a la altura de su corazón, pero no tenía el apoyo de la policía, por lo tanto los dueños del animal se retiraron para guardarlo en una casa. Después llegó el resto de comisión oficial para cumplir el objetivo. Seguramente era su primera acción osada y atrevida de los funcionarios en el nuevo año, para proteger los animales. También pudo ser un vitrinazo ante la gente para demostrar que sí cumplen con el deber. Tal vez para ellos sea fácil decomisar una tortuga por su caminar lento, porque nunca se atreven a liberar a los pobres leones encarcelados en una jaula, fuera de su hábitat natural, o los tigres y elefantes que a punta de látigo los hacen parar en dos patas en los circos. En este aspecto guardan silencio, como también respecto a las masacres en las plazas de toros, las riñas de perros y gallos, el descabezamiento de aves en el San Pedro y cosas parecidas.
¿Cuántos de estos perfumados burócratas tendrán en su casa pagando eternas penas a unas pequeñas aves, castigadas por el hecho de cantar bien? Entonces, como en los seres humanos, la ley no solo debe ser para los de ruana sino para todos, porque quien algo siente por los animales y los protege, está apto para vivir en sana convivencia. Claro que no todo es malo porque las entidades del medio ambiente sí protegen cuidadosamente a algunas especies como "sapos", "patos", y “lagartos" que están por allí enquistados y nunca corren el riesgo de extinguirse.
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