lunes, 30 de enero de 2012

Desafíos de la salud pública

FABIO ARÉVALO ROSERO MD

El mayor problema de la salud colombiana no es precisamente la Ley 100 ni el entramado de la red asistencial. El asunto más grave es que la gente es cada vez menos saludable debido a causas totalmente evitables. Allí está la verdadera catástrofe. Estamos siendo educados para utilizar el camino más corto, más fácil, sin medir consecuencias en el mediano y el largo plazo, absolutamente más costosas y dolorosas. La mayoría prefiere pasarla bien ya, y evitar cualquier tipo de esfuerzo, con tal de no mortificarse.

Por un lado muchas personas no tienen autocontrol (un bajo “grit”) para desarrollar estrategias sostenibles de autocuidado y por otro es evidente una terrible pobreza de criterio (lo que he acuñado como deficiencia del “Factor Socrático”). Esto impide tomar decisiones correctas para vigorizar la salud y nos engañamos con las cosas más absurdas. Allí están quienes aún creen por ejemplo que una bandeja paisa (y otros “sancochos”) es “comestible” sin riesgos, o veneran frituras, asaduras y ciertas comidas típicas. Comen cuento de costosos eventos gastronómicos donde prima un amasijo de salsas, grasas trans y otros menjurjes indigeribles, antes que el valor nutricional. (De ellos fue víctima el inolvidable D'Artagnan, qepd).

Esto nos ha llevado a una gigantesca epidemia de enfermedades crónicas. Mal llamadas “no trasmisibles” ya que son las más contagiosas, se trasmiten hasta por una mirada, un gesto y el mal ejemplo. El sedentarismo supera en Colombia el 70 por ciento y seguimos como si nada. El culto al licor es una moda. Y la higiene del comportamiento humano en salud social (convivencia) y salud mental (afectividad) es exótica. Allí está la génesis de la mayoría de dolencias que más enferman y matan en Colombia. Solo nos queda entonces, exigir mayor disponibilidad de centros asistenciales para atender enfermos y más enfermos.

En EE UU acaba de salir una agresiva publicidad, con la imagen de un hombre obeso al que le falta una pierna. El texto que la acompaña dice: "Reduzca sus porciones, reduzca su riesgo". Es parte de una campaña contra la obesidad y el sobrepeso como problema de salud pública, basada en la educación alimentaria. Ese es justamente el trabajo que hay que hacer para perfeccionar el sistema de salud. Intervenir las causas de la enfermedad con seriedad.

La nueva Minsalud, haciendo énfasis en la prevención como política pública, ha dicho: “para poder ganar en resultados en salud, y lograr que el sistema tenga menos costos, la prevención es fundamental. No hacerlo puede tener mayores costos”. Ese debería ser el faro de las instituciones de salud oficiales. La mejor inversión del sistema sanitario es en el fomento de una digna salud pública, por lo tanto no queda más elección que encauzar esfuerzos para hacer que la gente sea más saludable, incluso a edades avanzadas.

Para ello hay que invertir en transformar personas, volviéndolas más cultas, más educadas, más respetuosas de su cuerpo, de los demás y del entorno. Menos displicentes, llevándolas a un nivel donde sean capaces de pensar distinto, con criterio enriquecido y tomar decisiones correctas que les permitan el desarrollo de comportamientos saludables. Hay que construir confianza ciudadana con un liderazgo legítimo, generando condiciones motivantes con espacios anatómicos, diseñando física y funcionalmente ciudades saludables. No hay otra opción.

Apostilla: En el Cauca se ha dado en el primer paso, Óscar Ospina es capaz y confiable. Ahora viene lo segundo: implementar políticas posmodernas.

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