domingo, 22 de enero de 2012

Desarmes y corridas

CARLOS E. CAÑAR SARRIA

Por lo visto, el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, quien ha iniciado su administración de la mano de un buen equipo de gobierno, viene generando polémica no sólo en Bogotá, sino en todo el país. Propuestas como el desarme y la supresión de las corridas de toros, por ejemplo, son temas en que se viene ocupando la opinión pública. Petro ha enfatizado en medidas que contribuyan en el fomento de una cultura política democrática en los habitantes, que implique el buen entendimiento y la convivencia civilizada. Su polémica propuesta de prohibir el porte de armas, como toda empresa de importancia, tiene sus amigos y detractores. Al Estado le corresponde el monopolio legítimo de las armas para salvaguardar la vida, honra y bienes de los asociados. Este monopolio no le da autoridad al Estado para cometer un solo delito. El Estado se deslegitima precisamente cuando pierde este monopolio. En un país tan violento como el nuestro, el desarme podría contribuir notablemente en la construcción de una sociedad más tolerante y civilizada. La propuesta del alcalde Petro no es nada fácil de ponerse en práctica, pero sin duda es interesante. En Bogotá existe un millón de personas armadas, es decir, un millón de armas susceptibles de ser usadas. El argumento de la legítima defensa es algo serio que merece mucho análisis y debate. En Colombia, el delito más frecuente es el homicidio, esto constata la recurrencia a la fuerza y la violencia en la resolución de los conflictos. El Estado debe restringir el uso de las armas y es su obligación el esfuerzo de evitar a la población situaciones de riesgo. Una sociedad generalmente armada no produce miedo, produce terror. La psiquis de los colombianos no es del todo equilibrada. La misma violencia ha limitado la salud mental de los colombianos.

De otro lado, la inquietud de Petro sobre la supresión de las corridas de toros, merece mucho la atención. Pues se trata de una apología a la vida y al respeto de los animales. Si se piensa en la necesidad de un mundo civilizado donde no tenga cabida la barbarie, donde la sangre y la violencia dejen de ser un cruel espectáculo, inexorablemente este tipo de eventos se tendrán que suspender en el futuro. El columnista de El Espectador, Felipe Zuleta Lleras, anota que el debate se ha suscitado en otras latitudes, por ejemplo, la plaza de toros de Barcelona dejó de serlo debido a que los legisladores no estuvieron de acuerdo con este cruel espectáculo. “Eso es civilización. Pero claro, eso jamás pasará en este país, porque nuestra mal llamada clase dirigente es la que asiste a los toros, unos para lucirse y pasearse como reinas, y otros, porque verdaderamente saben de toros y los disfrutan, como si se tratara de una cosa natural y sana”, agrega Zuleta Lleras.

Colombia requiere con urgencia medidas capaces de fomentar prácticas de una verdadera cultura ciudadana, basada en la apología a la vida en todas sus expresiones. Esta cultura debe partir de los gobiernos locales que tienen la virtud de la proximidad con los habitantes.

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