martes, 3 de enero de 2012


EN CALIMA DARIÉN HAY FANTASMAS QUE ESQUÍAN


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

Para empezar el año hemos venido al complejo vacacional de Comfandi sobre la cabecera del Lago Calima en Darién, Valle del Cauca. Llegamos con mi amada por entre hileras de pinos añosos y árboles con piernas rojas. Eran las 2:15 p.m. Las aguas del lago llegan hasta el borde del círculo que marca el tope. Nos saludó con un pedazo de su lengua azul en lo más bajo de una curva y casi la alcanzamos estirando el brazo por la ventanilla del carro. Al fondo se ve una docena de bailarinas que windsufean sobre la pista de agua con sombrillas verdes y rojas. Unas sombras blancas las cubrían mientras seguíamos nuestro camino.

El lugar tiene un tono mágico. Posee fácilmente el calor que viene del sol ardiente, pero también hace gozar del frío que traen las nubes con su rocío. Como estamos comenzando el año hay ambiente aún de navidad y en puertas, paredes y algunos otros lugares lucen los adornos que Gloria Stella Álvarez diseñó. Cuando el huésped ingresa al hotel o a su habitación o al comedor la vista se sorprende con los “arreglos” de formas y colores colgados de la imaginación y el aire.

Si usted quiere descansar y leer o escribir lo puede hacer en su habitación con la ventana abierta con vista hacia la superficie temblorosa de las aguas verdeazules del lago. O si quiere pasear irá por las veredas internas, tranquilas, llenas de verde del hotel, pasar con la manilla por las piscinas y toboganes y llegar hasta “Veleros” donde puede sentarse bajo las sombrillas a conversar mientras toma algo o come una galleta o espera que sean las 4 p.m. y ve llegar sobre el mullido verde la bandada de garzas que llegan al diálogo ruidoso cada tarde antes de ir a dormir de pie sobre las camas en las ramas. También puede irse de visita al pueblo que le da nombre a la región indígena de Calima-Darién.

La cordillera verde que rodea el lago y que forma como un foso, es el escenario diario de un espectáculo. No importa la hora que sea, como del vientre del lago o de la mitad de la montaña salen chorros de neblina semejante a un remolino. Se pasean como brujos blancos con su cuerpo deforme y sin que se le vean ojos manos ni pies. Se arrastran solemnes sobre el lago formando olas con cresta y caminos para unos pies invisibles. Algún monstruo acuático debe esconderse tras las peñas y sopla con boca grande para repetir el remolino durante casi todo el día.

A las cuatro de la tarde, cuando el puntero del reloj señala la hora, blancas garzas una a una llegan obedientes al pinar frondoso frente a Veleros a cumplir la cita con el resto de la bandada de 25 picudas damas. Se saludan, estiran sus alas cansadas, se besan y abrazan. Cuando todas han llegado se despide cada pareja y familia y se van a ocupar los lugares que en su ruta migratoria han alquilado. Descansarán en su cama unipersonal hasta las 6:00 a.m. cuando volverán al lugar de cita y luego se irán en bandada y a la seña de la guía hacia el occidente a buscar el mar y el litoral con sus manglares.

Marianita Chilanguá y Rodrigo Villafañe han logrado obtener con su equipo de empleados para el Centro Vacacional la certificación Icontec por el buen servicio y organización. La dotación, la presentación, el menaje de sala interna, camas, baño, ducha son tan confortables como en un hotel de primera categoría nacional o internacional. Ellos tienen la suerte de trabajar en un lugar tan delicioso como el desayuno o el almuerzo que sirven Viviana Cardona y Gildardo Montoya en el comedor al lado de la piscina.

03-01-12 - 11:13 a.m.

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