Miércoles 11 de enero, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Jaime Vejarano Varona, se refiere en su articulo:"Incongruencias históricas" al parque Centenario Carlos Alban y el bautizar, recientemente, al Parque Informático, con el mismo nombre del anterior y su extrañeza al leer “de la Glorieta Toscana hasta la Glorieta Catay”, en vez de utilizar nombres de los próceres.
Cordialmente,
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INCONGRUENCIAS HISTÓRICAS
Por: Jaime Vejarano Varona
Popayán, 2012
Aun cuando pueda considerarse que carecen de importancia estas anotaciones, de acuerdo a las modernas tendencias culturales hoy en boga, encuentro conveniente dejar establecido cómo se puede incurrir en ciertas incongruencias nominativas cuando se opta por el facilismo o la improvisación al denominar algunos sitios de nuestra ciudad.
Y veamos solamente dos casos:
Primero: El recién inaugurado (y ya casi semidestruido por los desmanes de ciertas gentes en los pasados carnavales) “PARQUE BICENTENARIO CARLOS ALBAN”.
Quizá debamos comenzar por aclarar que su configuración no es exactamente la que corresponde a un Parque, pues carece de las especificaciones urbanísticas que le corresponden como tal: arborización, zonas verdes, jardines predominantes, plantas decorativas, setos ornamentales, senderos peatonales, amueblamiento, bancas, una verdadera fuente de agua, el monumento conmemorativo de algún prócer, etc.
Lo que se hizo allí fue una Plaza rígida, desierta, de gusto arquitectónico bastante discutible por cierto, tal como lamentablemente se realizó con el añorado Parque de San Francisco.
Inicialmente el nuevo espacio a que nos referimos se pretendió bautizar como “Parque Centenario”, sin que pudiese tener soporte alguno esa denominación, tal como lo sostuve en artículo anterior, pues no había causalidad de nombre, ya que no correspondía al centenario de efemérides o acontecimiento histórico alguno.
Mi propuesta, que no fue estimada por la administración municipal que acaba de expirar, era la de optar por uno de estos dos nombres, que sí tenían justificación: o Plaza Simón Bolívar, en honor a nuestro Libertador y adicionalmente por estar situada en el Barrio de su nombre; o Plaza LA ESTACIÓN en recuerdo y homenaje a este hito de nuestro desarrollo como lo fue el Ferrocarril del Pacífico. En la primera opción sugería yo que debía trasladarse allí la Estatua Ecuestre del Padre de la Patria, para rendirle el honor que se le ha negado al destinársele al principal de nuestros héroes, tan solo una modesta glorieta. Y en la segunda opción, instaurar allí un monumento al Tren que por muchos años, desde su inauguración en 1926, sirvió a la Ciudad y representó una reconocido avance en su desarrollo, consistente en una locomotora sobre un pedestal que recordara este hito histórico.
Pues bien, queda establecido que el nombre de Parque no se ajusta a esta área urbana.
Al sabio, inventor, tres veces Doctor y General de la República don Carlos Albán, nacido en esta ciudad en 1844, se le rindió justo homenaje al bautizar el Parque Informático de la ciudad con su nombre. Es pues una redundancia que exista un segundo parque llamado así.
Y no es que no lo merezca:
Quizá sea conveniente recordar que al cumplirse el centenario de su trágica muerte, ocurrida en 1902 a bordo del barco Lautaro en la costa de Panamá, en defensa de nuestra soberanía nacional, me di a la tarea de rescatar del olvido en que se tenía su ilustre memoria, hasta lograr con el apoyo de la Academia de Historia que se le rindieran los debidos homenajes. El panegírico de su meritoria existencia corrió a mi cargo en discurso que pronuncié ante el Concejo Municipal en solemne ceremonia.
Por otra parte, al decirse “bicentenario Carlos Albán”, se incurre en una incongruencia, pues para quienes no están suficientemente enterados, tal expresión sugiere un bicentenario del prócer. Una cosa es el bicentenario de la Independencia y otra la existencia de este prócer. Nada tienen que ver lo uno con lo otro.
Segundo: el nombre de las Glorietas de la ciudad.
En un plegable que anunciaba el recorrido de las cabalgatas en la recientes Fiestas de Pubenza leo con extrañeza que se dice “de la Glorieta Toscana hasta la Glorieta Catay”.
Es que ya llegamos a ese extremo de desconocer a nuestros próceres, pues tales espacios se llaman Glorieta Simón Bolívar y Glorieta Antonio Nariño, en homenaje al Libertador y al Precursor de la Independencia, respectivamente.
Como van las cosas, ya los nombres comerciales empiezan a reemplazar a los de los gestores de nuestra historia. No es de extrañarlo pues esto se inició cuando a la Casa Caldas se la convirtió en Oficina recaudadora de las Rentas de Licores del Departamento. ¡Válgame Dios! ¿Para donde vamos?
(“Tus lauros en gestas de gloria ganados-/ decid qué se hicieron-/ decid dónde están?" )
Cita de mi poema Pregunto a la Torre.
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