sábado, 28 de enero de 2012

ZOOLOGICO VARIOPINTO

JOSE LOPEZ HURTADO*

Para supuestamente mantener el ejercicio del poder político, no solo para evitar las lluvias como en Colombia, con frecuencia se ha recurrido a rezos, chamanes, plegarias, y los brujos místicos han estado tras bambalinas.

Pero su influencia también ha sido notoria en países del primer mundo, como en Rusia con Rasputín, en los tiempos de los zares, o en Estados Unidos, con Nancy Reagan, quien sugería algunas decisiones del gobierno, tras consultar con su astróloga de cabecera.

El asunto, por tanto, ni es nuevo, ni tampoco exclusivo de nuestros países tercermundistas.

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Como el tema se asocia frecuentemente con las extravagancias palaciegas resulta divertido recordar algunas de los dictadores latinoamericanos, esos "seres esperpénticos, excéntricos y maravillosos, pero no menos reales", como dijera Valle-Inclán. Sin duda que Hugo Chávez fue desbordado en su cómica devoción por Bolívar, por Juan Vicente Gómez, quien en su obsesiva manía por parecerse en los más mínimos detalles al Libertador, llegó hasta falsificar su acta de nacimiento para hacer coincidir las fechas, con el curioso detalle que murió también un 17 de diciembre.

José Gaspar Rodríguez, de Francia, daba paseos en caballo por Asunción y los pobladores debían cerrar las ventanas a su paso, y cuando su hermana contrajo matrimonio sin su permiso, mandó a matar a su cuñado y al sacerdote que los casó. El dictador argentino Juan Manuel de Rosas, por su parte, se hacía rodear en las fiestas de toda clase de locos y dementes. En Guatemala, Manuel Estrada Cabrera, llamado "El Nerón de los tiempos modernos", quien entre sus excentricidades figura la construcción de templos en honor de la diosa griega Minerva, en la noche entre el 24 y 25 de octubre de 1902, al hacer erupción el volcán Santa María, en lugar de apoyar a sus compatriotas en la emergencia y para evitar la suspensión de las fiestas que se realizaban ,"ordenó" mediante decreto que cualquier información relacionada con el evento sería atribuible a los enemigos del régimen. Rafael Cabrera, Justo Rufino Barrios y Jorge Ubico Castañeda, también dictadores guatemaltecos, básicamente el primero, alimentaron la formidable pluma de Miguel Ángel Asturias, perseguido por esos regímenes y Premio Nobel de la Literatura con "El Señor Presidente", en 1946. En Bolivia, Mariano Melgarejo, analfabeta absoluto, si cabe la expresión, pedía al cuerpo diplomático, brindar por la salud de su caballo Holofernes, al que entrenó para que bebiera alcohol, y cuando sus invitados se embriagaban, se divertía haciendo que se orinara sobre ellos. La extravagancia adquirió el rictus de lo macabro, con Anastasio Somoza en Nicaragua, quien a través de una sus empresas compraba la sangre de sus compatriotas más pobres y en forma de plasma, la vendía a E.U. Por su parte, el tres veces dictador de Méjico, Gral. Antonio López de Santana, ordenó la celebración de pomposos funerales a su pierna derecha que había perdido en una de sus batallas.

El inconcluso círculo , en aras de la brevedad y el espacio , se cierra con una enfermiza obsesión , actual además, la de Castro, quien , según uno de sus exservidores más allegados, manda a quemar su ropa interior usada , para evitar cualquier complot que pudieran urdir sus enemigos para asesinarlo. Caricaturas de la realidad. O la realidad caricaturizada.

*Analista Internacional, colombiano.

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