lunes, 30 de enero de 2012

LA SALVACIÓN YA ESTÁ DADA EN JESÚS

“No hay otro Nombre por el que podamos encontrar salvación” Hch 4,11

Pbro. Edwar Gerardo Andrade Rojas
Párroco Iglesia La Trinidad - Santander de Quilichao

El ser humano, al rechazar a Dios, provocó el desorden, el desequilibrio, la enfermedad y la muerte en el mundo. La raíz del mal que hay en el mundo, es el pecado (Leer Génesis 3). Se busca solución al mal, confiando en las solas fuerzas, no se cuenta con Dios, es más: “el pensamiento contemporáneo tiende a sostener que cada uno debe vivir su religión, o quizás también el ateísmo en que se encuentra. De este modo alcanzará la salvación” (Joseph Ratzinger, Jesús de Nazaret). Hay personas que dan soluciones engañosas y falsas al mal que hay en el mundo mediante el satanismo, ocultismo, esoterismo, magia, hechicería, curanderismo, adivinación, sortilegio, amuletos y talismanes… en fin.


Pero, la respuesta de Dios a las necesidades del mundo es Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, enviado al mundo para salvarnos del poder de Satanás, de la maldad del mundo y para que podamos vivir una vida nueva ahora y por siempre (leer Juan 11, 21-27). Sólo Dios tiene la solución al mal del mundo. Por Jesús y en Jesús el Padre nos ha dado ya la salvación. “No hay otro Nombre por el que podamos encontrar salvación” Hechos 4, 12. “Tanto amó Dios al mundo que dio a su único Hijo, para que el que crea en Él no perezca, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo encuentre salvación por medio de Él” Jn 3, 16-17. “En Él, por su sangre, hemos sido redimidos, en Él nuestras faltas han sido perdonadas por la riqueza de su gracia” Efesios 1,7. Por su Cruz nos ha salvado y por su resurrección nos ha ganado Vida Nueva. Jesucristo mismo lo dice: “Yo he venido para que tengan Vida en abundancia” Juan 10, 10. Jesús, al salvarnos del pecado nos salva de todo mal, angustia, enfermedad, muerte y condenación eterna (leer Isaías 53). Jesús, el Mesías esperado, Señor y Salvador, ha muerto en la cruz por ti, derramó su sangre para limpiar tus pecados y como precio de tu redención. “Este es el mensaje de la fe que proclamamos: Si crees en tu corazón que está vivo, y confiesas con tus labios que es el Señor, encontrarás salvación” Romanos 10, 9.


La obra de nuestra salvación es fruto del amor de Dios, Uno y Trino:

El Padre nos dio a su propio Hijo Para salvarnos: “Dios rico en misericordia por el gran amor que nos tiene, estando muertos por nuestros pecados, nos dio vida por Cristo y nos resucitó en Cristo Jesús” Efesios 2, 4-6; Romanos 5, 8.

El Hijo se hizo hombre para salvarnos: Jesús (su nombre significa Yavé salva, Lucas 1, 31). “El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido” Lucas 19, 10. No te intranquilices por tus culpas, Jesús es tu Salvador, sanador y liberador. Acércate a Él con fe, confianza y amor. Con toda seguridad El obrará maravillosamente en ti.

El Espíritu Santo hace propia para cada persona la salvación: Realizada por Jesús para toda la humanidad y nos capacita para vivir como salvados e hijos adoptivos de Dios (Romanos 8, 8-17). Jesús es el único camino para llegar al Padre (Juan 14,6) Sólo en Él puedes conocer y experimentar el amor de Dios y el plan de Dios para tu vida. El Señor Jesús también restauró el puente de amistad entre Dios y el hombre, roto por el pecado (2 Corintios 5, 18-19). Dios llega al hombre por Jesucristo y el hombre va a Dios por Jesucristo.

Jesús es el salvador del mundo, pero debe ser tu Salvador, invítalo para que permanezca en tu corazón y acoge los medios de salvación que El te da.

“No tengan miedo de Cristo, Él no quita nada y lo da todo” (Documento de Aparecida 15).

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Oración

Señor Jesús, te alabo y te agradezco por el don de la salvación. Te agradezco porque tu vida y tu naturaleza están dentro de mí. Te agradezco por la gracia que me das y que me permite responder con todo mi corazón. “Te pertenezco Señor”. Te pido por una conversión más profunda y una entrega más completa al control de tu Espíritu Santo. Señor Jesús, soy pecador y tú eres el Salvador. Yo necesito a mi Salvador. Necesito que mi vida sea sometida diariamente a la obra de tu Espíritu Santo. Ven, Señor Jesús, derríteme, moldéame a tu imagen, lléname y úsame. Derrite mi propia voluntad, mi terquedad, mi deseo de que me sirvan en vez de servir a otro. Moldéame a tu imagen. Amén.

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