Phanor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó.
Dice el poeta Neruda que es muy corto el amor y muy largo el olvido. Cosa por demás absolutamente cierta. Parodiando en política el acertijo literario podemos decir que han bastado unos cuantos años para convertir el gobierno y el presupuesto público en canasta familiar, y que quizás, viéndonos bien necesitemos generaciones enteras para enderezar el rumbo de nuestras instituciones, de nuestras costumbres.
En el mejor de los casos.
No ha sido de la noche a la mañana que se ha desbarajustado lo que llamamos Nación. Generalmente se suele decir que ha sido en esta época que se ha desbarajustado la familia, la célula básica de la sociedad. Generalmente se suele decir que ha sido en esta época que se ha desbarajustado el municipio, la célula básica de la Nación. Generalmente se dice que se ha desbarajustado la moral de los individuos, sustento básico de la vida social. Como también que se han corrompido las instituciones, sustento básico de nuestra organización social.
Que nos inventemos a quien achacarle nuestra propia desidia, nuestra propia inconsecuencia, nuestra propia inconsciencia y que le achaquemos al más pendejo, y al bobo de la cuadra la causa que nos unta a todos, no parece descabellado. Las disculpas nacieron antes de la operación Pilatos, para lavar nuestras propias irresponsabilidades.
Las actuales encrucijadas, por no decir los lodazales donde nos empantanamos y donde resuena el oinc, oinc de nuestra ignorancia son la acumulación lenta pero inexorable de la falta de grandeza para construir nuestra propia sociedad. Cada uno, hemos enarbolado ufanos, banderas de diversos colores para ir señalando y corroborando el hundimiento en el pantano, la yincana de nuestra pobreza espiritual.
Y no será cuestión de una voluntad, sino de la conciencia plena y de la acción plena de cada una de las partes de la sociedad la que hará posible los nuevos amaneceres y el desatollar las botas del atraso. Y no será cuestión de los poderes que se van estableciendo enredados en la repartición milimétrica de sus intereses particulares: cualesquiera sea su origen no representarán ni se preocuparán si la sociedad en pleno no les respira en la nuca. Para seguir con las citas poéticas: No hay tiempo que perder, hay vida por ganar.
Tan inútil y estúpido suena sentarse a esperar el carro de las bienaventuranzas como sentarse a ver pasar el cadáver de la corrupción, del desgobierno.
No olvidemos exactamente que nuestras abuelas en vez de camándulas tienen ahora amantes.

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