lunes, 30 de enero de 2012

“Presidente Santos, quizá con el neomarxista Timochenko, de inspiración grecoquindiana, puede ser…


ATISBOS ANALITICOS NO 139, CALI, ENERO 2012

Director: Humberto Vélez Ramírez, programa de estudios políticos, IEP, Universidad del Valle.

En los pocos meses que lleva al frente del Secretariado, han circulado tres cartas de Timochenko, todas ellas, por un motivo o por otro, notorias y notables. En la primera le dijo al presidente, “así no, Santos”, en la segunda le pidió que se sentaran a hablar y, en la tercera, por interpósita persona, el difunto Cano le respondió la carta que le adeudaba al profesor Medófilo Medina.

Por estos días, conversando con un amigo paisa que, en la segunda parte de la década del 80, lo conoció de cerca en la juventud comunista, estuvimos a punto de caracterizarlo como de un posible neomarxista de inspiración grecoquindiana. Esto último por lo de su nacimiento en la Tebaida.


Y en efecto, se trata de un médico quindiano, que ingresó a las Farc cuando la crítica contra el estalinismo ya se había consolidado en los medios intelectuales. Como para destacar, es lo primero. Segundo: hizo ese ingreso a las cerradas Farc cuando al interior mismo de muchos sectores marxistas ya había calado la idea de que el materialismo histórico no era “la única y verdadera ciencia social” relegando, por lo tanto, a las otras teorías sociológicas a la condición de “mera ideología burguesa”. Constituye esta otra idea de contexto intelectual, que importa resaltar. Y lo tercero: Timochenko llegó a las Farc de Marulanda y de Jacobo Arenas cuando la profunda ideologización del pensamiento de Marx, obra de los marxismos de todo tipo (estalinismo, leninismo, troskismo y maoísmo), reclamaba la necesidad imperiosa de que el materialismo histórico se abriera a un diálogo y a un conversatorio permanentes con el conjunto de las ciencias sociales en sus diversas expresiones teóricas.


No es que Timochenko fuese un anti-estalisnista severo ni un crítico elevado de lo que estaba acaeciendo con el legado de Marx al interior del movimiento marxista mundial. De todas maneras, hizo parte de esa generación de jóvenes marxistas, que ingresaron a las Farc en la década de 1980 y que, por lo menos, habían preconocido y “vivenciado” los términos y condiciones y hasta algunos determinantes de la crisis de los marxismos a partir de 1989 con la caída del muro de Berlín.

Es claro que en las tres citadas cartas se destaca un claro cambio de estilo, en el vocabulario, en la argumentación, en los referentes, así como en las ilustraciones privilegiando las referencias al cristianismo y a la cultura griega. Aunque en sus reflexiones persisten muchas continuidades analíticas propias de un farquiano, -y así tenía que ser, pues la historia biográfica de Timochenco presenta como contexto los últimos 20 años de las Farc de Marulanda Vélez y del Mono Jojoy- sin embargo, pensamos, en contraste con Semana.com, que no se trata simplemente de una “revolución retórica”. Por el contrario, pensamos que en esas cartas “timochencas” se preanuncian algunos de los importantes cambios doctrinarios que, en los últimos veinte años, como extrokistas, hemos podido observar en la última generación de militantes del partido comunista colombiano, que, ya por fuera de la organización institucional, han mantenido una enorme e importante coherencia crítica y práctica.

Como botones sueltos de una mazorca que empieza a abrirse, varias tesis innovadoras se preanuncian en la nueva palabra de Rodrigo Londoño Echeverri, nombre bautismal de Timoleón Jiménez, “alias” Timochenko, Comandante ya no tanto del Secretariado, sino del Estado Mayor Central de las Farc. Como para destacar de entrada, sus varias referencias a lo que podría entenderse por “verdad”. Es así como en su segunda carta al Presidente destaca, “en términos de hoy podría decirse que la verdad no es única. Se halla en dependencia de quien y con qué difusión la afirme. Siempre nos negamos a aceptar la imposición de verdades absolutas. De estos y similares asuntos nos interesa tratar en una hipotética mesa de conversaciones”.

Se impone con claridad, entonces, que en esta segunda Carta Timochenko le solicita al presidente Santos que se sienten a conversar en una Mesa en la que todos los dialogadores asuman sus “verdades” como “verdades relativas”. En este momento, se vislumbra otra importante ruptura: Timochenko no se limita a plantear en abstracto, como ha sido tradicional en los Comunicados de las Farc escritos en las montañas de Colombia, que la salida negociada es una de las opciones, sino que, más bien, en concreto le pide a Santos que se sienten a conversar.

Por otra parte, en el anterior contexto de ideas, sobresale una dimensión quizá más importante que las anteriores: en esa segunda Carta el Comandante del Estado Mayor Central de las Farc se desprende de la relación sociológica amigos-enemigos y realiza un paso adelante para reinscribirse en una relación amigos-adversarios. Sabemos de sobra que en la relación Estado-guerrillas como enemigos no cabe la gestación de acuerdos en dirección a la paz, pues uno y otro asumirán posiciones maximalistas configurando así el parámetro “o capitalismo o socialismo”, inviable en cualquier negociación. Pero, abandonando ese horizonte de imposibilidades, Timoleón Jiménez, de modo indirecto, le ha dicho al gobierno, que deja “su socialismo” para ser luchado en un futuro espacio democrático y lo invita a que, como posibles adversarios, se sienten a dialogar teniendo como referente central el patrón “o capitalismo salvaje o democratización del capitalismo”. Es así como lo invita a una posible Mesa de Negociación para hablar de las políticas públicas del primero, “poner en cuestión, precisó, las privatizaciones, la desregulación, la libertad absoluta de comercio y de inversión, la depresión ambiental, la democracia de mercado, la doctrina militar”. Podría haber agregado, manteniendo la coherencia con la relación sociológica entre adversarios, “poner en cuestión, la estrechez de la democracia colombiana” y, a la positiva, proponer llevar la ley de la restitución de tierras de Santos hasta la ejecución de una reforma agraria integral.

En nuestro concepto, esta corrida a una relación de adversarios (lo que posibilita un relacionamiento político, imposible en la relación de enemigos, pues entre éstos no cabe la política), constituye un genuino “HECHO DE PAZ”, quizá tan importante como el que, en otro orden de lógicas y de acción el gobierno les ha venido demandando (liberar los secuestrados, abstenerse de acciones cercanas a los crímenes de lesa humanidad…).

Por cierto que Timochenko, en este caso, equivocó el modelo, pues si bien, en el Caguán finalmente, después de enormes tropiezos y precariedades, logró insinuarse una posible Agenda, sin embargo, como modelo fue una experiencia frustrada, razón por la cual en la actualidad habría que hablar de otro Modelo de Negociación, más aterrizado e imaginativo y, quizá, menos complicado. Fue por esto por lo que el gobierno, con rapidez le salió al paso destacando, “que se olviden de un nuevo Caguán”.

En su cotidianidad, esta sociedad nuestra es una rara e inédita combinación de legalidad y de ilegalidad, de legitimidad y de ilegitimidad, de muertes violentas y de vida indigna, de muertes banalizadas, como si con ellas nada raro acaeciese, y de vidas subjetivamente dignificadas luchando por sobrevivir en un país que ocupa en el mundo el tercer lugar en injusticia social no obstante su desarrollo económico mediano.

Es por esto por lo que los ánimos colectivos empiezan a reanimarse en el actual presente del segundo año del gobierno de Santos cuando muchos, o, por lo menos, algunos, tenemos el pálpito de que en las Farc y el Eln se está gestando una nueva postura positiva de vida y de esperanza de cara a Colombia. Ha sido Maria Ximena Dussán la persona que mejor ha recogido esos posibles pero todavía gaseosos aires de renovación, “‘esos Comandantes ya están asustados’, escribió, me dijo un General a quien le pregunté su opinión por lo escrito por Timochenko. A mí en cambio me dio otra impresión: la de que quien escribía esa carta, se refiere a la primera, era un hombre adolorido por la guerra, hastiado por la guerra. Y por un momento pensé que un ser así capaz de hacernos sentir ese dolor a través de una carta, tenía que ser un hombre que no está pensando en morir sino en vivir”. *

*Dussán, María Ximena. “Timochenko, el escritor”, en, Semana, 15-011- 2012.

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