Neftalí Sandoval Vekarich
Cuando voy a Cali mi trayecto llega hasta la terminal de autobuses, atravieso aquel espacio en el cual figura a manera de monumento una antigua locomotora, sobre el puente que salva las vías en permanente ebullición de vehículos y que conduce a la antiguamente llamada avenida del ferrocarril, suelo encontrar indias jóvenes, madres prematuras acompañadas de uno o dos críos, solicitando la caridad cristiana, más adelante, ya en plena arteria, se halla siempre en el costado derecho y rodeado a la vez de vendedores ambulantes de relojes chécheres y utensilios, colocados en el piso, sobre una manta, una sarta de billetes y monedas de diversos países, compro y vendo dice un sencillo cartón a la vista del público. En la mañana de hoy, al salir de La Morada, me puse en el bolsillo unas cuantas monedas de la antigua Yugoslavia y de Serbia que coloqué en las manos de ese callejero numismático que, distraído leyendo una revista, me prestó poca atención.
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| Tulcán, Ecuador |
Yo iba de prisa a una consulta médica en Servisalud, tenía cita para un electrocardiograma que muy intrigada la enfermera me preguntó, una vez terminado el procedimiento, por qué lo había solicitado el doctor ya que ella no pudo encontrar una razón que lo justificara, comprendí que me encontraba en buen estado y le respondí en broma: tiene curiosidad ese doctor por conocer el secreto de mi juventud, ya que él no lee a Oscar Wilde… No tuvo resultado mi broma pues la joven enfermera tampoco conoce a Wilde. En fin, de regreso a la terminal y pasando por el expendio del numismático señor de los billetes, este me reconoció y me agradeció el regalo, me confesó haber sido admirador de Tito y de Yugoslavia. Al conversar con él me di cuenta por su acento que era nariñense. Sí, me confirmó, soy de Córdoba, un pueblecito a l9 kilómetros de Ipiales. Claro, le dije, existe allí un maravilloso monumento a Bolívar en yeso, pero ese mismo monumento en bronce y en mayores dimensiones lo vi en Tulcán hace ya varios años dedicado a Abdón Calderón. Sí señor, respondió el "cordobés", Restrepo es el apellido del escultor, tumaqueño por más señas, y demoró más de tres años haciéndolo... Felicidades, Alfonso. Un abrazo, Neftalí.


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