sábado, 21 de enero de 2012


TRAJE DE NOCHE O DE CAMA PARA UNA NOVIA


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

De vez en cuando los modistos nos sorprenden con las prendas que diseñan para sus exigentes clientas. Ellos andan imaginando a las vedettes frente al espejo. Como arañas coquetas se paran en una sola patica, sobre el tacón giran al medio mientras estiran su cuello, ladean su cintura y miran cómo cae el corte y la línea sobre la escultural figura.

Cortar, coser, adornar, idear la espalda de la clienta, el busto, el cuello, las caderas para que el vestido le “quede”, es un arte que solo en algunos seres el Destino ha derramado su aroma. Sus manos apenas tocan, el metro vuela por sobre la sensualidad y las curvas. Una arruga aquí, una puntada allá, un alfiler que ayuda, y en hora y media termina la primera parte de la joya en bruto.

¿Será para la boda de una novia, para la presentación en pasarela de la reina o para el banquete de la diva? ¿Será un vestido formal o tan solo un vestido de calle o casual? Nada se escapará en la agenda. El color, el fondo, si es de seda o de lino, si es un velo, si dejará ver los contornos con transparencias o si, por el contrario, si es cerrado y serio. Combinará con zapatos y hará juego con la cartera, o mejor sin ella. Tendrá en cuenta si lucirá con dijes en la garganta, cuál será el material de los aretes y si quedará bien un collar o si llevará el reloj o si los aretes serán pequeños o colgarán como campanas al aire.

En la semana de la moda Kaviar Gauche presentó en Berlín algo que llamó traje de boda para una escultural mujer en vivo. El cronista se pregunta si será un velo delicado un traje de boda o será de baño y deja la respuesta en vilo. En todo caso no es un vestido porque la dama queda al descubierto y como en vitrina de vidrio. Solo hay tres prenditas blancas en cruz que ocultan sus primordiales atractivos.

En la foto que tenemos a la vista, un velo semitransparente rodea las esbeltas formas de una mujer con los brazos abiertos y unas piernas interminablemente largas que suben hasta más arriba de las caderas. El uso del metro y medio de velo bastan para dejar semidesnuda a la novia que se presentará al salón para ser bendecida al lado de duendes que le servirán de pajes. Más le cubrirán el anillo y el ramo de flores que llevará en su mano. Los grandes zapatos blancos que realzan su estatura impiden ver la delicadeza de sus pies con uñas decoradas, sin duda.

Gráficas como esta son de esa clase de noticias que alegran los ojos y dan frescura dentro del cúmulo de hechos sosos, decadentes que nos muestran las páginas de revistas y periódicos. Estos velos en primer plano son como nubes de arena tras las que se esconden los espejismos de un oasis en el desierto de un mundo cool.

“Traje de novia o de baño”, titula Semana la nota en la que regala esta foto que difunde la AP. Traje, no vestido, es cierto. No es para una fiesta de disfraces. Parece que es un arreglo floral para el novio en su noche de bodas que lo hará ir más pronto a la cama para que su dama no sufra más de frío.

21-01-12 - 9:21

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