- ¿ALÓ?, - HUMEDALES CON GARZAS, A LA ORDEN
El humedal La Conejera, en la localidad de Suba, es uno de los mejor conservados en la capital.
http://www.elespectador.com/noticias/bogota/articulo-324374-gustavo-petro-rinde-homenaje-los-14-humedales-de-bogota
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
La defensa del Ambiente, o sea, de los humedales de reserva natural de aguas profundas, de vegetación y hábitat de aves peregrinas, nos corresponde a todos. ALÓ de Bogotá está llamando al oído de los colombianos para que no triunfen contratos posiblemente ya concertados en contra de la ya disminuida capa húmeda.
Los diseños de la Avenida Longitudinal hechos en 1961, que no fueron aplicados en esa ya lejana época, no deben ser puestos en marcha ahora. Vestir el cuerpo de los alrededores de Bogotá con un traje hecho a la medida de una ciudad que fue hace 60 años, no es técnico, racional ni creíble. Es como intentar meterle una camisita de bebé a un hombre anciano.
Bogotá, y sus anexos de Suba, Fontibón, Bosa y la vecina Soacha han transformado su fisonomía. Ya tienen barba, le han crecido las espaldas y tiene encima varias cirugías de pulmones, pecho, estómago y riñones. Quienes la conocimos en esos años de los Beatles, sus vías ya no son las mismas, el transporte se ha modificado y la modernidad la ha llenado de achaques. Sus pulmones ya no resisten más contaminación.
Los planificadores que diseñaron los 50 kilómetros de corredor solo alcanzaron a ver cinco. Se adelantaron a pensar en grande para desembotellar el tránsito de la gran ciudad y se murieron antes de verla, como pasa en muchas de las obras que se empiezan en Colombia. Como está sucediendo con las dobles calzadas de Cartago a Cali y la de Cali a Buenaventura.
Gustavo Petro ha encontrado una ciudad congestionada en el tránsito de vehículos, sin obras terminadas, con líos de corrupción en los contratos, con la inseguridad que causa una cantidad de vías cerradas y los ciudadanos sin trabajo y armados. Y también ha tomado posesión del puesto más codiciado en burocracia. Bogotá, es hoy, sin casi, una Ciudad-Nación con presupuesto, alcaldías menores que son pulpos, empresas de servicios gigantes, personería, contraloría independientes y un concejo que le ha declarado la alerta naranja.
Ha recibido la ciudad con los estragos del invierno con una CAR que descuidó sus fines, con colegios sin terminar, hospitales cerrados. Duro trabajo le queda para sanear las andanzas del saliente Moreno. Ha debido emprender la tarea de enderezar entuertos, de poner a funcionar un personal con prestaciones sin tercerías a costa de que le endilguen como a Fajardo y a Guerrero en Cali que está despidiendo a los trabajadores que dejaron las administraciones a fin de año.
Bogotá es la vitrina más grande que vende en Colombia. Allí se ven de bulto la abundancia de Cultura, la pujanza de las gentes, pero también las obras inconclusas, la indolencia oficial, el descuido de la Ecología, los permisos dudosos de curadurías para trazar vías, construir puentes y viviendas.
En la Alcaldía de Bogotá está sentado un mandatario que no parece un burro mocho que camina a medias. Más parece un poeta loco y maldito que no resiste las dulzuras de sus antecesores. Con él hay el lenguaje áspero de la verdad que no suena bien en los oídos de los cuervos que aletean encima de la presa de los 14 humedales. Preferirá ir a la cárcel antes que matar unas garzas y secar unos lagos.
03-02-12 - 3:16 p.m.

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