Vienes 24 de febrero, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
Amigos:
Luis Eduardo Ayerbe nos ha enviado la comunicación que transcribimos, con información puntual de hechos y decisiones tomadas por las autoridades, acaecidos con objetos históricos de la magna época payanesa y los lugares en los que se exhibían, en el centro histórico de la ciudad de Popayán.
Agradecemos a Luis Eduardo esta información que seguramente despertará la quietud, paciencia y tranquilidad payanesas, sobre todo de aquellas que aman y se enorgullecen de la magna historia payanesa.
Cordialmente,
***
Situación de objetos y lugares payaneses.
Por: Luís Eduardo Ayerbe
Popayán. Febrero 2012
Como payanés me duele ver el deterioro depresivo que padece Popayán, pero en vez de quejarme y añorar épocas pretéritas, me puse en contacto con Lily, Álvaro Dueñas-Lehmann, Edwig Hartmann Garcés, Cristina Eugenia y Marcela Mosquera, Aura Isabel Olano, Juan José Saavedra y Roberto Lehmann. Con el objeto de tomar una determinación para remediar o suspender tanta brutalidad que se ha hecho.
Me preocupó mucho, la posibilidad de trasladar los restos de los generales Mosquera y Obando fuera de Popayán. Algo que pensaron sus descendientes. Así como lo que me dijo Marcela Mosquera, que ella gustosa recibiría la estatua del general y yo le dije que le ayudaba a llevarla, para ser colocada en el patio de la hacienda de Coconuco, hoy de su propiedad.
Es que no hay derecho que unos policías del puesto de atención que funciona en lo que fue la escuela Filomena Segura, que tan poco fue hecha para el uso actual, se hayan dado a la tarea de remozar la estatua del general con una mano de pintura, pintuco, color plateado. Por dios quedó como un robot.
El desastre del museo, donde alquilan o prestan una pieza que albergaba la biblioteca para que funcione de una librería comercial. El destino de los objetos que allí se exponían, tales como el altar de campaña, los cabellos del emperador Napoleón III y las cartas de la emperatriz Eugenia de Montijo, los uniformes del general, sotanas del arzobispo, los muebles adquiridos en subastas en las Tullerías, de madera de ébano con incrustaciones de bronce sobre carey, la urna de alabastro rosado con el corazón del general, el armontal heráldico de la familia, la urna colonial con la imagen de la danzarina de Legarda, donada por Jaime Paredes Pardo, la colección de pasos de la Semana Santa en miniatura, el juego de armas de duelo y el retrato del general Obando, el busto de mármol del general Mosquera atribuido a Cánovas, la finísima espada con mango de nácar, oro y piedras preciosas, las arañas de cristal de Bacarat traídas de Francia, el telescopio del sabio Caldas, los muebles coloniales y tantas cosas más, váyase a saber dónde están, o por lo menos que digan los señores de la vicerectoría de Cultura de la Universidad del Cauca dónde están.
Si existe un inventario, que lo muestren e informen. El rector reelegido tantas veces, conocerá el documento que se le envió al presidente y que comente algo al respecto. Por qué se cerró el museo. Porqué se baila merengue y danza del vientre en el recinto del Panteón de los Próceres. Qué razón tiene el instructor de danzas para escoger este sitio para sus prácticas y para parquear motos. Por qué este panteón que en otra época tuvo guardia militar, termina siendo escenario de tanta bajeza.
Y de la Casa Caldas, la cual rescaté del abandono y la ruina con un proyecto que la hizo meritoria de ser declarada monumento nacional, ha sido intervenida con una obra absurda donde levantaron el empedrado originario del patio principal, le quitaron el contraportón del siglo 19, le abrieron una puerta en el zaguán, colocaron lámparas con luces de neón y cables eclécticos a la vista sobre cada pilar del patio, colocaron las esculturas precolombinas de la cultura agustiniana en los baños para uso de oficinistas y público visitante, cubrieron con marquesina el segundo patio y quitaron el alero de teja de barro que cubría el tapial divisorio con la casa vecina para reemplazarlo con láminas plásticas, todo gracias a un flamante contrato que firmó el gobernador saliente para adecuar las oficinas dependientes de la Licorera del Cauca. Y nada pasa.
Nada dice la veeduría local. Cuenta con la venia de la filial de monumentos y con el bolsillo lleno de los contratistas cuyo criterio conservacionista gira como veleta y de acuerdo con los honorarios y cuotas de pagos del contrato. Pero nada pasa. Nada pasa en Popayán porque a nuestras autoridades, sean de aquí o de afuera les importa mucho contratar y contratar y muy poco el valor de lo histórico y el patrimonio. Igual sucede con los habitantes, propios y extraños.
No hay conciencia ni sentido de apropiación no sienten cómo suya esta ciudad a la que le exigen derechos pero con la que no tienen deberes ni respeto.
Luis Eduardo Ayerbe
***
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada