jueves, 23 de febrero de 2012

NINGUNA ESCLAVITUD ES DIGNA

Rodrigo Valencia Q
Especial para Proclama del Cauca

—Oye, tú que has leído todos los libros, ¿conoces este cuento de Anatole France? –dijo, entregándome un tomo abierto en la respectiva página, “La lección bien aprendida”.

—¿Se está burlando de mí? —le contesté, con aire sorprendido—. Anatole France, otro de mis eternos desconocidos, aunque no más su nombre musical lo invita a uno a la lectura. Usted sí ha leído todos los libros. Por lo que a mí respecta, en lo que me queda de vida leeré cada vez menos. El anacoreta renuncia a todas las palabras escritas y habladas; necesita retirarse al silencio absoluto, borrar lo que queda del mundo, la cultura y el arte. Y se perdona a sí mismo esta falta de espíritu.

—El anacoreta no suelta, morirá con un libro en la mano. Hubo un tiempo en que fui feliz prestándole mis libros a una sobrina. Feliz porque muchos de los que se llevaba yo no los había leído, y así me justificaba.

—Los libros producen felicidad, y también la calamidad más grande: esclavitud.

—La única esclavitud que dignifica.

—Ninguna esclavitud es digna; a lo mucho, adornan y entretienen.

—Hay palabras que con el tiempo se van matizando de otros sentidos: el amor, el hábito lector... Son esclavitudes, por supuesto dignas.

—Leí sus comentarios en la revista literaria. Excelentes análisis; objetivos, dentro de la subjetividad temática que los encuadra; estimulan el viaje diario por la buena literatura.

—Gracias por tu tiempo.

—Tiempo transmutado en pensamiento bueno. Tiempo donde las palabras ayudan a entender las palabras. Tiempo con sonoridades literarias. Tiempo con mirada crítica y ojos lúdicos... para construir cultura.

—Hay mucha generosidad en esas palabras. Sinceramente, pensé que me ibas a dar primero tu comentario sobre el cuento de Chejov —me recordó.

—Todavía no lo he leído, pero prometo que lo haré.

—Nadie sale defraudado de un cuento de Chejov. Hasta ahora no he podido dar con los cuentos completos...

—Aunque sea, leeré ese único cuento de Chejov, “Pasajero de primera clase”.

—¿Por qué esa displicencia con la literatura, útero de todas las artes?

—"Útero de todas las artes... displicencia”... Y usted no cree que mi verdadera vida consiste en arar dentro, lejos de todo mundanal ruido, lejos del arte y de todas las cortinas que velan la realidad… Y debo aprovechar el tiempo que me queda; me estoy quedando ya sin el tiempo que nos nombra en esta tierra.

—Fíjate que nunca se es viejo cuando se ama. El amor se encarga de borrar con luz cualquier arruga.

—El amor... una caja de Pandora… Y también un pájaro que canta uniendo el cielo y la tierra, las distancias y las almas.

—Con vientos unas veces alisios, y otras huracanados.

—Voy sintiendo huracanes en mi pecho.

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