miércoles, 1 de febrero de 2012


¿REPRESENTANTES DE LA SOCIEDAD?


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

Se denomina Sociedad en un país, región o municipio al conjunto de ciudadanos que viven dentro de su territorio y realizan sus actividades personales, laborales o de negocios. Es un conglomerado amorfo, pero no indeterminado. Amorfo porque no tiene columna vertebral nítida que la haga mover por sí misma. Es un cuerpo que es movido por voluntades externas como la política, el comercio, los desastres.

La Sociedad colombiana es la suma de mujeres, hombres, que habitan y pueblan el territorio nacional. Con sus necesidades, enfermedades, ilusiones, trabajo, intimidad, su voz y su silencio. El individuo que nace o llega del extranjero y prueba y se mezcla con la cultura del país, es parte de esa Sociedad. Y tienen todos, los derechos que brinda esta patria de dos mares, tres cordilleras, espesas selvas, varios llanos, muchos ríos, tierras fértiles y gentes buenas.

Cada departamento tiene sus particularidades. No es lo mismo la región andina con su frío y su paisaje que la costeña y costera con su mar, manglares, gente franca y habla cantada. No es lo mismo el tolimense que el caucano, que el de Santander y el paisa, que el boyacense o el guajiro con sus papos y su desierto. El clima, sus riquezas, su cercanía o lejanía de la Capital, sus tradiciones, sus comidas hacen que los nacidos y criados allí tengan una idiosincrasia diferente a la de sus vecinos y tienen mucho de qué sentirse orgullosos.

Entre ciudad y ciudad puede haber mayores diferencias en la determinación de sus sociedades. Cartagena, joya de América, señora del mar Caribe, mira como una reina desde lo alto de las murallas. Cuánta historia, personajes, cuánto coral y pescado en medio de tanta pobreza. Cereté, cuánta brisa por sus cuadras trae el río Bugre, donde se escucha aún el canto de Gómez Jattin y Lena Reza y corren mototaxis por su Calle de las Flores. Iza, pequeño laberinto empedrado con dos fuentes termales y hotel de virreyes con quinqués y camas enormes.

Cada Sociedad tiene una personalidad, en su conjunto y en sus individualidades con sus tesoros y problemas. El Estado debe velar por ellas por Constitución y oficio. Para ello está constituido y por ello cobra impuesto y merece el gasto público. ¿Quién se ocupará de sus cuitas, de sus lloros por los vejámenes y robo de sus tierras y sembrados, por sus pésimas vías terciarias y acueductos?

¿En dónde están los personeros, los procuradores, los contralores, los “defensores del pueblo”? ¿Dónde los interventores, los veedores ciudadanos? ¿Acaso están en los clubes sociales, viaticando y de viaje, en los cafés tomando tinto? ¿Dónde están que no se ven controlando el cumplimiento en los contratos, que las obras queden bien hechas y con servicios, vigilando que los hospitales atiendan, que las EPS presten a tiempo el servicio, que se entreguen de verdad las tierras a los campesinos? ¿Dónde están la DIAN para cobrar a los grandes contribuyentes, las CAR, el Minambiente y Minminas para no dejar invadir y mutilar las selvas y las reservas naturales, dónde la armada que deja saquear los mares? ¿Dónde la Superintendencia financiera para que diga cómo manipulan los Fondos de pensiones las cotizaciones y las cesantías?

En este país no hay quien defienda los intereses del país y del pueblo. Aquí se dan fácilmente permisos a los extranjeros con el nombre de inversionistas y se conceden selvas y arboledas enteras como “aprovechamientos forestales” por cualquier peso al erario. Aquí los encargados de controlar gastos dan permisos andan de locha y luego consiguen ser reelegidos o trasladados de puesto. Aquí hay tierras, riquezas materiales e inmateriales por la mañana y por la tarde ya se han esfumado. Y nadie alza la voz ni pone el pecho en defensa de la Sociedad.

31-01-12 - 4:18 p.m.

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