viernes, 3 de febrero de 2012


SOMOS ACTORES EN EL ESCENARIO


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

Lo dijo Calderón de la Barca: esta vida es un teatro en el que nosotros somos los actores en un momento de la vida en el Universo. El mundo es un escenario rodante sobre el eje del tiempo. Al principio la escena era una masa informe que estalló en millones de fragmentos. Luego el espacio se llenó de sombras, nubes y mares. Y una tarde aparecieron los seres vivientes con larga cola, orejas enormes y cuerpo monumental entre matorrales, piedras y pterodáctilos gigantescos.

Día de día el sol iluminaba, daba calor a los orangutanes y leones y mostraba la superficie y curvas de los otros animales. De noche asustaban los lobos a los chimpancés y nadie salía de sus cuevas. De pronto la escena cambió cuando el gran mono aprendió a caminar en dos extremidades y se oyeron gritos estentóreos en medio del croar de sapos, del ulular de las hienas y el silbido de las serpientes. Era el hombre que estaba ensayando su voz para emitir sonidos más educados.

Al principio el antropoide era vegetariano pues comía de lo que encontraba fuera de la caverna. No había cómo cocinar, freír ni asar conejos ni tapires y cuando saltó la chispa al golpear perdernal con piedra, hubo riñas en lo que se llamó la guerra del fuego. Ni se bañaba ni hacía deporte pues no había aún la competencia ni quien gritara en las barras.

El homo sapiens aún no filosofaba. Tenía su rostro triste porque no había aprendido a reír y la palabra felicidad no estaba en su libreto. El día que una piedra redonda dio una vuelta de canela, le dio la idea de que su imaginación un día volaría. Y ahí comenzó la carrera del trabajo para construir un escenario más confortable.

Desde siempre el ser humano vive en escena en esta sala de teatro. Cada uno “es su propio doble”, como le dice Tuccio a Rachel en la película “Iluminata”. Unas veces ríe, otras vocifera y maldice, otras, ama y echa bocanadas al cielo. También cree, confía y engaña. Repite que busca la felicidad y se refugia en el placer, el dinero y la farsa.

El papel mío o el suyo, el del titiritero, héroe, bruja, tirano o el de vendedor de seguros, el que cada uno desempeña todos los días, es personal e intransferible. “Yo soy mi doble, siempre estoy actuando”, dice Tuccio. Nadie hace el papel de otro ni yo podré usurpar la careta que le corresponde a otro.

No es una metáfora ni una mera comparación. Hemos entrado al mundo por detrás de bambalinas. Saltamos al centro y hemos sido protagonistas o nos hemos quedado al borde o llegado a ser unos segundones con levita o charretera. Cada uno tomó su libreto y lo interpretó como pudo o quiso, sin que un director lo callara, le impusiera un gesto o lo sustituyera por otro.

Ah, y nadie entiende que “el placer no es la felicidad”. El beso apasionado, los viajes, las fiestas, las invitaciones, la fama serán unas partes del libreto. Pasajeras y deliciosas, nadie lo duda. Son arreboles en unas tardes o flores en primavera. La felicidad será, entonces, el telón de fondo, el promedio de la ejecución total. La satisfacción del papel cumplido. Sin que importen los aplausos, aunque aparezcan las envidias o el fracaso. La actuación es un arte y cada uno un artista. ¿Cómo anda su actuación?

02-02-12 - 9:04 a.m.

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