CREPITACIONES 2012
Por Lic. Javier Enrique Dorado Medina
Correo electrónico: jaendor70@hotmail.com
IMPOSIBLE creer que en el municipio de Villarrica (Cauca), en su casco urbano, tierra sencilla de paz bucólica, trabajo honrado y costumbres sencillas, haya sucedido el pasado jueves 2 de febrero de 2012 a la una de la tarde, semejante atentado terrorista que segó la vida de siete personas, cinco civiles y dos policías, y más de 25 heridos, junto a los destrozos materiales de casas y negocios de muchos habitantes, quienes en cuestión de segundos les fueron arrebatadas sus pertenencias de toda una vida, por culpa de esta maldita violencia que nos acosa por más de 50 años y que tiene desangrada a Colombia, sin motivo y sin razón.
SEMEJANTE acto terrorista conturba el corazón y los sentimientos, crispa nuestra habitual forma de ser, nos llama a la solidaridad con los familiares de las víctimas inocentes y nos hace congregar en un solo grito de protesta por semejante degradación de la dignidad humana y de los derechos fundamentales de toda persona, pisoteados sin cesar por los enemigos de la paz y de la concordia.
POR ESO ESTAMOS DE LUTO y es un luto que se riega en nuestro ser y en todo el departamento del Cauca, con prevalencia en nuestro norte, una región que sigue sufriendo los embates de esa ola fatídica que aniquila seres inocentes, que destruye poblaciones, que siembra el terror y la zozobra sin ton ni son.
SÍMBOLO triste y luctuoso de lo acaecido ese triste 2 de febrero en Villarrica, fue la muerte del niño Yerlinton Enrique Viáfara, de escasos 11 años, apenas comenzando a vivir y estudiar, un niño inocente, con ganas de aprovechar su vida del mejor modo posible. Y no olvidemos a Nidia Balanta Lucumí, una agraciada joven de apenas 18 años de edad, con muchos proyectos y sueños cercenados en un segundo sin ningún motivo.
DE TODAS FORMAS, la población civil se ha visto afectada en toda su integridad. Por tal motivo, el repudio y la condena han sido unánimes, tanto a nivel nacional como internacional. Y no es para menos, dada la crueldad de los atentados, tanto en Tumaco como en Villarrica.
OJALÁ que los reclamos, las lágrimas, los lamentos, y las voces de protesta de los ciudadanos de bien, hagan mover los corazones de los victimarios de siempre y que algún día pase esta “horrible noche” que estamos padeciendo en carne propia. Villarrica merece volver a seguir en paz como antes. Claro está que, después de ese fatídico 2 de febrero, ya no será como antes, pero los villarricenses si merecen a vivir tranquilos, sin ninguna zozobra.
DE PARTE DE PROCLAMA y de este columnista, reciban los dolientes de las víctimas nuestra voz de apoyo y de solidaridad, en estos momentos difíciles. Los acompañamos en su tragedia.

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